Higgins Clark Mary - Mentiras de Sangre

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MARY HIGGINS CLARK

Pretender & Maese Mentiras de Sangre

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MARY HIGGINS CLARK Mentiras de sangre

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Resumen A Olivia Morrow le quedan pocas semanas de vida y no puede posponer ms la decisin ms difcil de su vida. Catherine, su prima ya fallecida, tuvo un beb que fue adoptado al nacer, justo antes de su ingreso en un convento. Ahora, la Iglesia ha iniciado el proceso de su beatificacin. Si Olivia cuenta la verdad, todo se vendr abajo. Sin embargo, si no la cuenta, la fortuna que dej Alex Gannon, el padre biolgico del nio, caer en manos de sus dos egostas sobrinos. Si Olivia revela el nacimiento del hijo de Catherine, su hija Monica, una persona honrada y altruista, heredar esta fortuna. Pero Olivia no es la nica que sabe la verdad, y ellos tienen mucho que perder si sale el secreto a la luz

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Agradecimientos

En mi ltimo libro escrib sobre el milagro mdico de un trasplante de corazn, cuyo receptor podra haber adquirido ciertas caractersticas del donante. Esta historia trata de un milagro distinto, uno que la ciencia mdica no puede explicar. La primavera pasada asist a la ceremonia de beatificacin de una religiosa que fund siete hospitales para ancianos y enfermos, de quien se dice que salv la vida de un nio mediante el poder de la plegaria. Durante aquella preciosa ceremonia, decid que quera que ese tema formara parte de la novela que iba a escribir. El resultado ha sido un viaje revelador..., que espero que compartis y disfrutis. Como siempre, estoy en deuda con los fieles mentores y amigos, que me allanan el camino mientras trabajo en el ordenador. El hecho de que Michael Korda haya sido mi editor durante treinta y cinco aos, ha sido un motivo constante de alegra. De la primera a la ltima pgina, sus consejos, nimo y entusiasmo han sido una fuente inagotable de fortaleza. Amanda Murray, editora jefe, nos ha acompaado en cada paso del camino con sus aportaciones y sus acertadas propuestas. Gracias, como siempre, a Gypsy da Silva, directora adjunta de revisin y correccin de textos; a mi publicista, Lisi Cade; y a Irene Clark, Agnes Newton y Nadine Petry, que revisaron mi manuscrito. Qu gran equipo tengo. Muchas gracias a Patricia Handal, coordinadora del Cardinal Cooke Guild, por su ayuda inestimable y generosa cuando hablamos del proceso de canonizacin.Pgina 4

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Muchas gracias al detective Marco Conelli por contestar a mis preguntas sobre el procedimiento policial. Gracias tambin al abogado de patentes Gregg A. Paradise, que me orient sobre dicha legislacin, elemento importante en esta historia. Ya es hora de que le d las gracias al maravilloso fotgrafo Bernard Vidal, que durante veinte aos ha viajado desde Pars para hacerme la foto de la cubierta, y a Karem Alsina, cuya maestra en el arte de la peluquera y el maquillaje permite que, ao tras ao, yo aparezca con la mejor de mis sonrisas en la contraportada de mi ltimo libro. Ningn logro tendra el menor sentido si no lo compartiera con mi marido, John Conheeney, esposo extraordinario, y con nuestros hijos y nietos. Ya sabis lo que siento por todos vosotros. Y ahora mis lectores y amigos, espero que os pongis cmodos y disfrutis de este ltimo trabajo. Feliz lectura, y que Dios os bendiga a todos y a cada uno de vosotros.

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El lunes por la maana, Olivia Morrow estaba sentada en silencio, al otro lado del escritorio de su viejo amigo Clay Hadley, asimilando la sentencia de muerte que l acababa de pronunciar. Evit por un momento la expresin compasiva que vio en los ojos de l, y mir a travs de la ventana de su despacho, situado en el piso veinticuatro de la calle Setenta y dos Oeste de Manhattan. A lo lejos vio un helicptero que recorra lentamente el cielo del East River en esa fra maana de octubre. Mi recorrido se est acabando, pens, y entonces se dio cuenta de que Clay estaba esperando una respuesta por su parte. Dos semanas dijo. No era una pregunta. Ech un vistazo al reloj antiguo de la librera que haba detrs de la mesa de Clay. Eran las nueve y diez. El primer da de esas dos semanas. Al menos estamos a primera hora de la maana, pens, contenta de haber pedido la cita temprano. l le estaba contestando. Tres como mximo. Lo siento, Olivia. Yo confiaba... No lo sientas lo interrumpi ella con brusquedad. Tengo ochenta y dos aos. Aunque mi generacin vive mucho ms que las anteriores, ltimamente mis amigos han ido cayendo como moscas. Nuestro problema es que nos preocupa vivir demasiado tiempo y acabar en una residencia, o convertirnos en una carga terrible para todo el mundo. Saber que me queda muy poco tiempo, pero que seguir siendo capaz de pensar con lucidez, y de moverme sin ayuda hasta el momento final, es un regalo inconmensurable. Se le quebr la voz.

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Clay Hadley entorn los ojos. Comprenda la expresin de angustia que haba borrado la serenidad de la cara de Olivia. Y antes de que ella hablara, supo lo que iba a decir. Clay, solo lo sabemos t y yo. l asinti. Tenemos derecho a seguir ocultando la verdad? pregunt Olivia, mirndolo fijamente. Mi madre pensaba que s. Tena intencin de llevrselo a la tumba, pero en el ltimo momento, cuando solo estbamos presentes t y yo, se sinti obligada a contrnoslo. Para ella se convirti en una cuestin de conciencia. Y con todo el inmenso bien que Catherine hizo durante su vida de religiosa, insinuar que muchos aos atrs, justo antes de entrar en el convento, poda haber tenido una relacin consentida con un amante, habra comprometido su reputacin para siempre. Hadley estudi el rostro de Olivia. Ni siquiera los signos habituales de la edad, las arrugas alrededor de la boca y los ojos, el ligero temblor del cuello, la forma como se inclinaba para captar todo lo que l deca, desmerecan el delicado trazo de sus facciones. El padre de Clay haba sido el cardilogo de su madre, y l le haba relevado cuando su padre se jubil. En ese momento, con ms de cincuenta aos, no era capaz de recordar una poca en que la familia Morrow no hubiera formado parte de su vida. De nio se senta intimidado por Olivia. Ya entonces se percataba de que ella siempre se vesta con elegancia. Ms tarde cay en la cuenta de que en aquella poca ella trabajaba an de vendedora en B. Altman, los famosos grandes almacenes de la Quinta Avenida, y que aquel estilo lo consegua comprndose la ropa en las gangas de final de temporada. No se cas nunca y haca unos aos se haba jubilado de su puesto de directiva y miembro de la junta de Altman. l haba coincidido con su prima mayor Catherine solo en un par de ocasiones, y cuando ella era ya una leyenda: la religiosa que haba puesto en marcha siete hospitales para nios discapacitados, centros dedicados a la investigacin de mtodos para curar o aliviar el sufrimiento de sus mentes o sus cuerpos daados. Sabes que hay mucha gente que considera un milagro la curacin de un nio con cncer cerebral, y que lo atribuyen a la intervencin de Catherine? pregunt Olivia. Estn evaluando su canonizacin. Clay Hadley not que se le secaba la boca. No, no saba nada.

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No era catlico y apenas entendi que eso significaba que la Iglesia poda acabar nombrando santa a Catherine, y merecedora de la veneracin de los fieles. Naturalmente eso significar que el tema de que diera a luz se investigar, circularn rumores maliciosos, y es muy probable que ello elimine la posibilidad de canonizarla aadi Olivia, irritada. Olivia, haba un motivo por el cual ni la hermana Catherine ni tu madre revelaron nunca el nombre del padre de su hijo. Catherine no. Pero mi madre s. Olivia apoy las manos en los brazos de la butaca, y Clay interpret que estaba a punto de levantarse. Se puso de pie y rode su escritorio a paso ligero, para ser un hombre tan corpulento. Saba que algunos de sus pacientes lo llamaban Clay, el cardilogo panchn. l les aconsejaba a todos con buen humor y una chispa de irona en los ojos: Olvidaos de m y aseguraos de perder peso. Yo engordo un par de kilos solo con mirar la foto de un helado. Es una cruz que tengo. Era una representacin que realizaba a la perfeccin. En aquel momento cogi las manos de Olivia y la bes con delicadeza. Ella, al notar en las mejillas el roce de su barba corta y canosa, se ech para atrs involuntariamente y luego, para disimular su reaccin, le devolvi el beso. Clay, mi situacin personal quedar entre nosotros. Yo misma se la comunicar muy pronto a las pocas personas a quienes pueda importar. Se qued callada y luego aadi con su tono irnico: De hecho, es obvio que ms vale que se lo comunique muy pronto. A lo mejor es una suerte que ya no me quede ningn pariente. Entonces, al darse cuenta de que lo que acababa de decir no era cierto, se detuvo. En su lecho de muerte, su madre le haba contado que cuando Catherine supo que estaba embarazada se fue un ao a Irlanda, donde haba dado a luz a un hijo. Al nio lo haban adoptado los Farrell, una pareja estadounidense de Boston, que fue seleccionada por la madre superiora de la orden religiosa en la que ingres Catherine. Ellos le haban puesto Edward, y lo haban criado en Boston. Yo estuve pendiente de sus vidas desde entonces, pens Olivia. Edward no se cas hasta los cuarenta y dos aos. Su mujer muri hace mucho tiempo, y l falleci hace cinco aos. Su hija Monica tiene ahora treinta y un aos, y trabaja como pediatra en el hospital Greenwich Village. Catherine era mi prima hermana. Su nieta tambin es prima ma. Es mi nico pariente,