Negri, Antonio - Dialogo Sobre La Globalizacion

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    Dilogo sobre laglobalizacin, la multitudy la experiencia argentina

    Antonio NegriGiuseppe CoccoCsar Altamira

    Alejandro Horowicz

    Editorial Paids, Buenos Aires, 2003

    Ttulo original del captulo 2: O trabalho damultido e o xodo constituinte: o quilom-

    bo argentino. Traducido por Juan Gonzlezcon la supervisin de Emilio Sadier

    Los nmeros entre corchetes correspondena la paginacin de la edicin impresa

    http://letrae.iespana.es/
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    [9]

    Los autores

    ANTONIO NEGRI es filsofo y terico poltico. Fue profesor de Ciencia

    Poltica en la Universidad de Pars y en la Universidad de Padua. Ha vi-

    vido en el exilio en Francia durante catorce aos y recientemente ha

    sido liberado de una larga condena en Italia por su activismo poltico

    de la dcada de 1970. Prolfico autor, cuya obra se detalla en el prlogodel presente volumen, entre sus ltimas obras se cuenta Imperio(Pai-

    ds, 2002), que ha tenido gran repercusin en el pensamiento poltico

    actual.

    GIUSEPPE COCCO es doctor en Ciencia Poltica en la Universidad de Parsy La Sorbona. Profesor titular de la Escuela de Servicio Social de la Uni-

    versidad Federal de Ro de Janeiro. Es coordinador del Programa de

    Escuela de Polticas Pblicas y de Gobierno de la Universidad Federal

    de Ro de Janeiro. Entre sus ttulos ms importantes se cuentan Estado,

    mercado e cidadania, Trabalho e cidadaniay,en espaol, Los paradig-

    mas sociales del posfordismo(en coautora con Carlo Vercellone). [10]

    ALEJANDRO HOROWICZ es profesor titular del seminario Reflexiones so-

    bre la Revolucin de Mayo (Facultad de Historia, Universidad de Bue-

    nos Aires, UBA) y desde 1998 es profesor titular de Los cambios en el

    sistema poltico mundial (Facultad de Sociologa, UBA).

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    Es autor de Los cuatro peronismos. Historia de una metamorfosis

    trgica (1991), Adonde va el alfonsinismo (1986), El pas que estall.

    18061820. Antecedentes para una historia del poder poltico(en pren-

    sa). Es director de Proyecto Historia crtica de la Literatura Argentina

    (en curso, Emec Editores).

    CSAR E. ALTAMIRA es ingeniero electricista electrnico (Universidad

    Nacional de Crdoba); ha obtenido la Maestra en Economa Poltica

    (Universidad Nacional de Mxico, UNAM). Ha sido profesor de las fa-

    cultades de Economa y de Ingeniera de la UNAM. Es autor de diversos

    trabajos sobre poltica y economa en distintas publicaciones naciona-

    les y extranjeras.

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    [12]

    Prlogo

    Sbado 14 de diciembre de 2002. Roma, el inicio de una tarde de

    invierno que se preanunciaba glido, Antonio Negri en un estudio de

    videotransmisin. Buenos Aires, una maana clida del verano que se

    anunciaba temprano, un conjunto de hombres y mujeres veinte

    aeros, cuarentones y maduros movidos algunos por la ansiedad y

    otros por la curiosidad aguardaban ver y escuchar, por vez primera,

    al cattivo maestro.

    La expectativa de los presentes guardaba razn de ser. Toni Negri

    y junto a l, los intelectualesmilitantes italianos que hace ms de

    cuarenta aos1iniciaron, a [12] partir de la lectura atenta y crtica de Elcapitaly los Grundrisse,la larga marcha por la recreacin del marxis-

    mo resultaba absolutamente desconocido en la Argentina, hasta que

    1 En 1959, Raniero Panzieri, Mario Tronti, Sergio Bologna, Toni Negri, Romano

    Alquati, Assor Rosa y otros fundan Quaderni Rossi, una mtica revista terica de orien-

    tacin marxista que circulaba en los mbitos obreros, donde realizaba, precisamente,

    una investigacin obrera. Reuna una serie de pequeos grupos, que tanto desde el

    punto de vista terico como desde el punto de vista poltico haban intentado experien-

    cias minoritarias a lo largo de los aos precedentes... [Lo que los nucleaba, era] el ele-

    mento fundamental: el punto de vista subjetivo, el volver a hacer poltica a travs de la

    investigacin, a travs del conocimiento y a travs de la intervencin [...] la co

    investigacin(mtodo de investigacin sociolgico y poltico en el que, el objeto tradi-

    cionalmente pasivo de la investigacin, en este caso la clase obrera, pasa a ser tambin

    sujeto activo) (T. Negri, Del obreromasa al obrero social, Barcelona, Anagrama, 1980).

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    la publicacin de Empire,2escrito a cuatro manos con Michael Hardt,

    y catalogado por Slavoj Zizek como el Manifiesto Comunista del siglo

    XXI, desatara una polmica fenomenal, que colocara a Negri y al pen-

    samiento de la autonoma ms all de sus detractores y apologis-

    tas en un lugar de referencia obligada a la hora de analizar las carac-

    tersticas y los paradigmas sociopolticos de la actual etapa del desa-

    rrollo capitalista, de la cual la Argentina forma parte inexcusable.3

    La circulacin de la produccin del pensamiento de la autonoma

    (y dentro de sta la produccin italiana, y particularmente la obra deNegri) constituye un fenmeno curioso, a no ser que aceptemos como

    explicacin que, al igual que lo ocurrido con el captulo VI indito de

    K. Marx, le hubiera sido imposible conseguir un editor burgus.4Por

    ello es que prcticamente la totalidad de la produccin de la autono-

    ma5slo fue publicada en idioma italiano y, salvo los ttulos seleccio-

    nados por la [13] histrica Editorial Feltrinelli, Castelvecchi, y ms re-cientemente por Derive Approdi, la mayor parte recal en editoriales

    menores que publicaron tan slo una primera edicin de escasa tirada.

    2 Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 2000. [Ed. cast.: Imperio,

    Buenos Aires, Paids, 2002.]

    3 Prueba de ello son los 20.000 ejemplares de Imperiovendidos en espaol por

    Editorial Paids.4 Bruno Maffi, cit. en Jos Arico, Presentacin, en Karl Marx, El capital. Libro I.

    captulo VI indito, Mxico, Siglo XXI, 1985.

    5 Muestras de lo producido por la autonoma italiana pueden encontrarse en La

    actualidad del obrero italiano, en cuya bibliografa constan ms de 450 textos, en la bi-

    bliografa de ms de 850 ttulos de La contestazione globale. 19661977 (ambas de la

    Editorial Derive Approdi) y en el Indexdel Texas Archives of Autonomist Marxism, que

    contiene algo ms de 1.200 producciones.

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    Los ms de 200 escritos de Antonio Negri6 no corrieron mejor

    suerte. Vale a modo de ejemplo su ensayo Il lavoro nella Costituzione

    que, escrito en 1964, circul mimeografiado durante ms de diez aos,

    y slo encontr editor en 1977, al publicarlo Feltrinelli como segundo

    captulo de la obra La forma stato. Per la critica delleconomia politica

    della Costituzione.

    En idioma espaol, y como era de esperar, la circulacin editorial

    fue ms tarda an. Salvo Dominio y sabotaje,de 1977, editado por El

    Viejo Topo en 1979; la excelente y cuidada entrevista de Paolo Pozzi yRoberta Tommasini que llev como ttulo Del obrero masa al obrero

    social,de 1979, publicada por Anagrama en 1980, yFin de siglo,escrito

    en 1988, que conoce la versin espaola en 1992 por Paids, la mayor

    parte de la produccin de Negri, y muy especialmente la realizada entre

    1958 y principios de los aos noventa, no conoce edicin de [14] habla

    6 En verdad, el trabajo de Negri reconoce caractersticas particulares. Por un lado,

    su neto estilo ensaystico y polmico que puede reconocerse en sus tres grandes

    obras (La anomala salvaje, El poder constituyente, Imperio). Por otra parte, la inmen-

    sa dispersin de gran parte de sus escritos en decenas de publicaciones regulares en

    francs, ingls e italiano (slo para nombrar las ms conocidas, Futur Antrieur yOpen

    Marxisma principios de los noventa, y ms recientemente, en El Viejo Topo, Multi u-t

    des, Posse, Global Magazine, Glob [A.L.]) y en peridicos (LHumanit, Libration, Le

    Monde Diplomatique, Nouvel Obervateur; Il Manifiesto, The New York Times.), en algu-

    nos de los cuales construy autnticas series (Historia del comunismo, en el diario

    El Mundo, entre 19982000, y los 13 artculos publicados en la seccin Autores del

    Folha de Sao Pauloentre 1996 y 1999). A todo esto se suma el sinfn de entrevistas a de-

    cenas de medios que ha otorgado en los ltimos cuatro aos, y su participacin en los

    medios alternativos [14] (Arsenale Sherwood, Rebelin)y en la web (ejemplos de lo cual

    son las listas de correodebate y el sitio web http://usuarios.lycos.es/pete_baumann/

    autonomial.html).

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    hispana7o si la hubiera, sta recoge el original muchos aos ms tar-

    de.8

    El descubrimiento de Negri en el mbito hispanoparlante seinicia con El poder constituyenteque, escrito en 1992, es publicado casi

    inmediatamente en espaol (Libertarias, 1994). A partir de entonces,

    Akal edita en 1999 Las verdades nmadas & General Intellect, poder

    constituyente, comunismo (una cuidada seleccin de trabajos, el pri-

    mero de los cuales Las verdades nmadas, de 1987 est escrito en

    coautora con Flix Guattari, y el resto es un conjunto de artculos pu-blicados originalmente en Futur Antrieurentre 1992 y 1996, y en Open

    Marxism, vol. II, 1992), y en el ao 2000, Spinoza sub-[15]versivo(que

    7 Valgan algunos ejemplos: II lavoro nella costituzione y Lo stato dei partiti

    (ambos de 1964), Marx on the Cycle and the Crisis (1968), Descartes politico y

    Anarchismo, voce in Scienze Politiche I (Stato e Politica) (ambos de 1970), Crisi dello

    Statopiano (1971), La forma Stato per la critica delleconomie politiche dellaconstituzione (1973), Partito operaio contra il lavoro (1973), Teoria comunista dello

    Stato (1974), Proletari e State (1975), La fabbrica della strategia. 33 lezioni su Lenin y Del

    Capitale al Grundrisse (todos de 1977), Theses on the Crisis y Reformisin and

    Restructuration: Terrorism of the StateasFactoryComman (ambos de 1979), Poltica

    di clase: il motore e la forma, Il comunismo e la guerra y Crisi dello Stato crisi (los tres

    de 1980); Macchina tempo (1982), Do Yon Remember Revolution? (1983), Fabbriche del

    soggeto (1987), Review of Norberto Bobbio, Future of Democracy and Which Socialism?(1989), Il lavoro di Giobbe (1990).

    8 Keynes y la teora capitalista de Estado (1967) conoce su versin espaola en

    1991 (El Cielo por Asalto,ao 1, n 2, Buenos Aires, Ediciones Imago Mundi), La anoma-

    la salvaje(1981) es editada en espaol recin en 1993 (Anthropos), Marx ms all de

    Marx(1982) conoce su edicin espaola en 2001 (Akal), El tren de Finlandia(1983) se

    publica en espaol en 1990 (Libertarias), Las nuevas alianzas(en coautora con F. Guat-

    tari, 1984) conoce su edicin hispana en Chile (F. Zegers, 1989).

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    recoge un conjunto de escritos de A. Negri de 1983 a 2000, publicados

    originalmente en italiano, ingles y francs). Por su parte, Mnima Trot-

    ta publica en el ao 2000 Arte y multitud. Ocho cartas, escritas entre

    1988 y 1999, y en el ao 2002, Paids edita Imperio.

    En nuestro pas, la presencia de Negri es realmente reciente. En

    1995 se reciben los primeros ejemplares de El poder constituyente. En

    1997 ni la Biblioteca Nacional ni la Biblioteca del Congreso posean en

    sus archivos a un tal Toni Negri, y slo dos bibliotecas universitarias

    (la de la Facultad de Ciencias Sociales y la de Filosofa y Letras de laUBA) posean en sus anaqueles un ejemplar de Del obrero masa al

    obrero socialy de Fin de siglo.9

    La polmica desatada alrededor de Imperioimpulsa la llegada de

    algunos ejemplares de La anomala salvaje,la publicacin de la prime-

    ra entrevista en un medio local,10la edicin de Contrapoder,11y la pu-

    blicacin reciente de una equvoca traduccin de un artculo de Negrien Le Monde Diplomatique,edicin argentina cuyo original pertene-

    ce a la edicin francesa.12

    9 Cabe destacar que, por ese entonces, en la biblioteca del CeDinCi (Centro de

    Documentacin e Investigacin de las Culturas de Izquierda en la Argentina) podan

    hallarse algunos nmeros de Quaderni Rossi.

    10 Clarn, Suplemento Zona, 27 de agosto de 2000. Cinco meses antes, en el Su-plemento Cultura y Nacin, fue publicada una pequea nota que daba cuenta de la pri-

    sin de Negri.

    11 Editado en 2002 por el Colectivo Situaciones, Contrapoderes un texto que con-

    tiene trabajos de varios autores locales, un artculo escrito por Negri y una entrevista

    realizada a l.

    12 A. Negri, Recomposicin del movimiento social en Italia, Le Monde Diploma-

    tique,n 38, agosto de 2002.

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    Por todos estos avatares, y por lo que significa en la recreacin

    del pensamiento crtico y la praxis transfor-[16]madora, es que resul-

    taba imprescindible tener a Toni Negri aqu, en Buenos Aires.

    Y entonces, la magia se hizo: la figura y el rostro de un hombre

    maduro, de mirada y sonrisa joven, asom en la pantalla gigante, y

    sencilla y tmidamente como pidiendo disculpas por su excursin en

    la Argentina y por la evasin de la geografa romana que hoy configura

    los muros de su arbitraria e injusta crcel comenz a construir su

    discurso, primero en forma dialogada y luego, en un in crescendote-rico y apasionado.

    Todos los hombres nos encontramos atravesados, siempre, por

    aficiones y obsesiones, y Negri, singular y genrico como todos y cada

    uno de nosotros, mostr sin ambigedades, eufemismos ni impostu-

    ras las suyas: cmoel despliegue, hasta las ltimas consecuencias, de

    la potencia creativa del pensamiento transformador, expresado en el

    perfil trazado por SpinozaMaquiaveloMarx, concierne no slo a la

    comprensin del mundo, sino esencial y fundamentalmente a la

    construccin del espacio de la autntica vida,es decir, a la explosin de

    lapotenciamaterial/concreta y subjetiva/deseante, que hace del ser ge-

    nricamente humano la expresin ms plena y acabada de la naturaleza.

    Porque la vida (s, as, con minsculas) que ayer y hoy los hom-

    bres atravesamos, no se encuentra simplemente reprimida o negada

    por la perversin de la explotacin que en el capitalismo de la subsun-

    cin real alcanza su mxima expresin, sino por cmoel capital,recha-

    zando su propia socializacin, es decir, la ruptura definitiva de la ley

    del valor, intenta por todos los medios aun los ms irracionales, la

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    guerra civil y el terror nuclear trascender imponiendo el orden, con

    la pretensin absurda de [17] hacer inmanente su dominiocomando

    sobre aquello que le dio origen y existencia: el trabajo.

    Es en el cruce antagnicoentre cmo la vida humanase constitu-

    ye a travs del trabajo libre, y cmo el capital ejerce el poder sobre

    aquellos, que Negri se planta y, tomando partido desde el materialismo

    por la dada vidatrabajo, levanta su edificio terico all en 1964 (con

    Il lavoro nella Costituzione) en el marco de su militancia poltica (los

    Quaderni Rossi.)para culminar luego de casi cuatro dcadas con-ceptualizando el modelo de Imperio, y construyendo e integrando acti-

    vamente por encima de la crcel y la censura, de la crtica ideologi-

    zada y las descalificaciones burdas y narcisistas el movimiento.13

    Negri comenz y finaliz su exposicin para la Argentina turba-

    do, como excusndose:

    Se me ha pedido hoy una intervencin sobre la situacin argen-

    tina, pero es poco lo que puedo decir [...] yo no s bien cmo dirigir-

    me a ustedes Ocurre como en la Comuna de Pars, que lleg a ser pa-

    ra los comunistas del siglo XIX un lugar de gran unidad entre trabaja-

    dores y no trabajadores, entre trabajo intelectual y trabajo material,

    entre ocupados y desocupados, entre las diferentes clases medias queson atacadas directamente? Estamos ante un modelo de unidad que

    nos marca para movemos hacia adelante? Yo deca al principio que no

    13 En el pensamiento operarioautonomista, movimiento es el concepto que re-

    fiere a las prcticas del sujeto que en determinado momento y lugar, se encuentran fue-

    ra de las formas y contenidos del movimiento tradicional de trabajadores, verbigracia,

    el Sindicato y el Partido.

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    lo s, no estoy informado, no conozco bien.

    Pero resulta que, entre uno y otro punto lmite de su alocucin

    y a lo largo de ochenta apasionados y sinfnicos minutos, Negrino deja espacio alguno para el pretexto ni para el subterfugio; por el

    contrario, exhibe [18] desde la conviccin cimentada en el devenir

    poltico de los ltimos treinta aos el entramado conceptual que, re-

    chazando la dialctica en tanto sntesis, coloca al trabajopor sobre el

    capital, a la lucha proletariaresultante del antagonismocomo fogonera

    de la historia, al combate obrerocontra el orden disciplinariofordistacomo partero de la crisis del Estado, de la sumisin de ste al control

    imperial, y del surgimiento de la multitud, no como negacin del para-

    digma clase obrera,sino como circulacin de sta en la sociedad toda.

    Sobre la base de estas premisas Negri plantea la obsolescencia del Es-

    tadonacin, de sus formas institucionalistas y de sus mecanismos ins-

    titucionalizadores, y el contraataque proletario indagador y fundantede nuevas relaciones materiales y subjetivas, y, a partir de stas, la

    constitucin de originales y mltiples formas de organizacin, de de-

    mocracia y soberana. Frente a esto se erigen dos problemas ciertamen-

    te definitivos: cmoenfrentardislocar la guerra no ya como arma, si-

    no como biopoltica del capital, ycmoconstruir la organizacin pol-

    tica del comn.

    De todo esto da cuenta, sin duda alguna, el proceso social y polti-

    co de la Argentina de la ltima dcada.

    Con Negri se podr legtimamente coincidir o disentir, pero

    lo que no se puede es negar su inmenso trabajo material y abstractoen

    pos de sintetizar lo mejor y ms profundo de la prctica y el pensa-

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    miento revolucionarios, que en esencia resulta antidogmtico, y por

    ende, no hacedor de respuestas, sino creador de interrogantes que

    pongan en acto la potencia creativa del ser comn.

    Gracias, Toni, por estar con nosotros, en esta Argentina que duele

    pero que tambin da esperanza. Y desea-[19]mos tenerte no ya virtual,

    sino personalmente aqu, con nosotros, cuando nuestra primavera es-

    talle y tu libertad plena y gozosa se haga realidad floreciente.

    Ituzaing, Buenos Aires, febrero de 2003.

    13

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    [21]

    Presentacin

    Es totalmente cierto que, como pensaba Baruch de Spinoza, la

    comparacin es un modo de conocimiento inadecuado; hay tiempos,

    historias, causas peculiares que hacen inadecuadas las comparaciones

    y ms cuando stas se establecen entre seres que existieron y seres quetodava viven. Sin embargo, imaginar tal comparacin puede producir

    efectos reales conmovedores.

    As, al empecinamiento revolucionario de Karl Marx puede supo-

    nrselo comparable, salvando considerables diferencias, con la obstina-

    cin germinal de Freud a la hora de crear el complejo edpico a contra-

    mano de su tiempo; como tambin con la perspectiva heideggeriana en

    El Ser y el Tiempo, cuyos postulados sealan la necesidad de que el

    hombre histrico empiece a comprender el ser detrs de ese fantasma

    intolerable de la tcnica ontolgicamente temible. O creer en la compa-

    racin de todos ellos con el Wittgenstein que anhela obtener el nico

    uso correcto del lenguaje en los relatos de los hechos reales del mundo,por lo cual, cuando se hable de revolucin, deba y pueda decrselo cla-

    ramente y si no guardar silencio... O cuando menos, compararlos [22]

    con la terquedad del James Joyce del Finnegans Wake, esa creacin reli-

    giosa de la palabra, que inventa la historia circular de los sueos, de ca-

    da singularidad, de cada partcula que contiene el todo; es decir, que se

    consagra como la representacin de la humanidad en cada personaje.

    14

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    Marx, Freud, Heidegger, Wittgenstein, el Joyce del Finnegans Wa-

    ke y del Ulises, tanto como Maquiavelo, Lenin, Darwin, de nuevo Ba-

    ruch de Spinoza, Lacan, Nietzsche, u otros cien ms: la comparacin

    conduce, desmesuradamente, sin igualar ni contradecir, a Toni Negri,

    el profesor de Doctrina del Estado en la Universidad de Padua, el mili-

    tante de los Quaderni Rossi,del Potere Operaio, el terico indiscutible

    del rea de la autonoma. Por comparacin incomparable, como todos

    ellos, en parte o en discrepancia, el impulsor, tambin desmesurado, de

    la revolucin necesaria que el siglo XXI ya est gestando.

    Antonio Negri, an preso del sistema dominante, capaz de tem-

    plar esa paricin del proceso revolucionario del nuevo siglo, es quien

    alienta a la nueva historia con la idea de que es posible vivir y producir

    subjetividad revolucionaria, es quien explica que la cooperacin social

    es lo que se opone cada vez ms violentamente al dominio capitalista.

    Pero la comparacin es an ms punzante en cuanto se suea con

    la revolucin en marcha, en cuanto Toni Negri certifica cientficamente

    que el trabajo inmaterial del nuevo siglo posfordista, el trabajo intelec-

    tual, afectivo y cognitivo, convirtindose en el eje central de la produc-

    cin de esta historia, afirma con intensidad propia la irreductibilidad a

    signo y sentido de la norma capitalista. Negri vuelve a pensar en el ser,

    en el ser que [23] se consagra en la organizacin, para invertir el senti-

    do del beneficio que el capital impone hoy a la fbrica social informati-

    zada. Su revolucin es subvertir tal sentido.

    Se trata de una revolucin para con el trabajo y para con el domi-

    nio. Una revolucin que tiene en Toni Negri, como intrprete de su

    tiempo, a este nuevo sujeto de la comparacin para subvertir a la histo-

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    ria. De eso se trata esta videoconferencia desde Roma con Toni Negri,

    un hombre de la revolucin...

    FLOREAL FERRARA

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    [27]

    Toni Negri en Buenos Aires

    Se me ha pedido hoy una intervencin sobre la situacin argenti-

    na, pero es poco lo que puedo decir. He tratado de investigar, ver e in-

    formarme sobre lo que ha estado sucediendo en la Argentina, pero ten-

    go que decir que el elemento central que hoy surge de la prensa y de la

    informacin que puede llegar hasta Italia es fundamentalmente la de-

    nuncia de un proceso de aislamiento. Un aislamiento que lleva a una

    profunda desinformacin. La Argentina se convirti en un pas muy

    alejado, un pas del cual la prensa habla cada vez menos y cuando

    habla lo hace en trminos casi terrorficos. Se est atento a la situacin

    argentina y a lo que puede llegar a resultar, todo en un plano de deses-

    peracin: los chicos mueren, la miseria est difundida de una manera

    impresionante, no hay visos de que pueda renacer la Argentina, de un

    renacer del espritu.

    Las consideraciones que se pueden hacer a partir de esta desin-

    formacin son muy acotadas. Efectivamente, si se trata de intervenir

    con conocimiento, debo decir que este conocimiento en lo que a m to-ca es mnimo. Veo mucho material que me llega a travs de amigos, de

    [28] movimientos, tambin a travs de compaeros que vienen hasta

    aqu, a Europa. Y a pesar de la desinformacin, oigo hablar con mucho

    entusiasmo de las formas de lucha. En muchas oportunidades, los

    compaeros, al hablar de la Argentina, la definen como una refunda-

    cin comunista y algunos hablan de ella como de la Comuna de Pars.

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    Pero como se sabe, en el comunismo la organizacin no se inventa

    nunca. Son necesarios los paradigmas, los ejemplos que muestran c-

    mo las masas, el movimiento, las multitudes pueden unirse, organizar-

    se, organizar nuevas formas de lucha y gobernarse a s mismas. Yo no

    s si esto es realmente verdad en el caso de la Argentina, pero este

    mensaje puede llegar a travs del movimiento. Y as como hoy en Italia

    y en Europa hay discusiones sobre los nuevos movimientos, tambin

    en el movimiento de los movimientos las discusiones que giran en tor-

    no a los problemas de la organizacin son extremadamente amplias,

    largas, y esto a su vez lleva a la discusin y a la suposicin porque no

    puedo llamarlo de otra manera de la experiencia argentina.

    En esta situacin, donde falta una informacin directa, continua,

    pero donde a la vez se recibe un poco esta informacin intempestiva,

    yo no s bien cmo dirigirme a ustedes. Me gustara tener preguntas e

    intervenir a partir de ellas, como tambin me habra gustado poderdarles respuestas teniendo en cuenta mi experiencia. Es cierto que qui-

    zs, y lo subrayo varias veces, en esta situacin hay algunos elementos

    que son comprensibles. Quiero decir, por ejemplo, que la condicin de

    aislamiento del movimiento argentino tal vez sea slo superficial o ex-

    terior, ya que probablemente se la pueda insertar en la situacin mun-

    dial de crisis. La cual, si se piensa, no es una crisis que deja un afuera,sino que [29] repercute hacia el interior. Estoy muy asombrado y a la

    vez contento por el hecho de que la experiencia argentina pueda llegar

    a Europa de una manera directa, no como algo extico, casi dira de

    una manera cientfica. El discurso se vuelca hacia una subjetividad que

    se transforma en indomable. Si el problema es el de llevar la discusin

    que tiene lugar en Europa a la Argentina, nosotros estamos en condi-

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    ciones de desarrollar este flujo de informacin, y yo quisiera insistir

    sobre esto, sobre la posibilidad de desarrollar este flujo de informa-

    cin, que se ve incentivado porque ya hay una base ptima que quiere

    aceptar esta informacin que viene de la Argentina.

    Como saben, el movimiento antiglobalizacin en Europa empieza

    a tener una fuerte presencia en Italia. Este pas ha sido un productivo

    laboratorio de la lucha de clases durante los ltimos treinta aos, pero

    haba sido reprimido en muchos aspectos y hoy nuevamente ha cobrado

    vida. Es un laboratorio que revela las nuevas caractersticas del movi-miento de clases. Nuevas caractersticas que, por un lado, dependen de

    la nueva composicin de la clase obrera, del proletariado y de la multi-

    tud, y que, por el otro, dependen de la nueva ubicacin que tiene Italia,

    que tiene Europa, dentro del mercado mundializado, globalizado.

    La modificacin del proletariado italiano se debe, por un lado, a la

    modificacin de su composicin; y, por otro, a la relacin de Italia con el

    mercado mundial. El tema de la organizacin es el centro del problema

    en Italia y Europa, as como tambin en la estrategia del movimiento de

    los movimientos. Qu significa hoy este tipo de movimiento, qu signi-

    fica hoy organizar este tipo de proletariado? Qu significa hoy organi-

    zar movi-[30]mientos proletarios en relacin con lo local y lo global?Qu relaciona la crisis del Estadonacin con los movimientos en tanto

    nuevas determinaciones que emergen en el terreno global? Creo que pa-

    ra avanzar sobre este aspecto hay que tener presentes algunos ele-

    mentos que forman parte de lo que escrib en Imperio. El elemento so-

    bre el que quiero insistir ahora para ligarlo al tema fundamental de la

    organizacin es lo que llamara un problema metodolgico.

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    El imperio se forma bajo nuestra mirada como el cambio general

    de la relacin de clases entre los pases mismos, as como en el contex-

    to del mercado global. El imperio se forma como producto de una rela-

    cin antagonista, no es algo unilateral que se impone al mercado glo-

    bal, el cual desde el comienzo est unificado. El mercado viene unifi-

    cndose y formndose sobre la base de los impulsos de los movimien-

    tos sociales que determinan los movimientos de los capitales que do-

    minan en el interior de los pases. Si no fuese por las luchas que pusie-

    ron en peligro la capacidad del Estadonacin de controlar el desarro-

    llo de sus propios pases, el poder no habra buscado nunca una sobe-

    rana ms all del Estadonacin, no habra intentado nunca poner el

    punto de referencia, el mando, ms all del Estadonacin.

    Si observamos la historia de los tiempos modernos, es decir, la

    historia que va desde la fundacin, desde el descubrimiento, desde la

    institucionalizacin de los Estadosnacin hasta hoy, existe una estre-

    cha relacin entre el Estadonacin y el desarrollo capitalista. Desarro-

    llo que en el interior del Estado nacional signific determinadas polti-

    cas. Quizs el desarrollo del socialismo se encarne plenamente en la es-

    tructura de los Estadosnacin a partir del siglo XIX. [31]

    El Estadonacin era cmodo para la burguesa que dominaba,para la lite dominante. El Estadonacin se corresponda profunda-

    mente con la organizacin de la burguesa nacional. Pero los lmites de

    estas formas de explotacin son superados: las clases que se determi-

    nan en el interior de las grandes estructuras que contienen al trabajo,

    su reproduccin y las subjetividades, provocan la ruptura y slo enton-

    ces el Estadonacin deviene obsoleto. El Estadonacin tiene que ser

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    considerado por parte del comando capitalista un espacio insuficiente

    para determinar la efectividad del mando.

    Evidentemente, nosotros tenemos toda una serie de razones con-tra el Estadonacin, particularmente en Europa, pues en la Edad Mo-

    derna se despleg bajo la forma de colonialismo, de imperialismo, de-

    sarrollando su capacidad de dominio ms all de los confines naciona-

    les. El Estadonacin nos dej una herencia monstruosa de muertes, de

    asesinatos, una herencia de guerras que pocos perodos histricos han

    llegado a conocer. Yo pienso simplemente en mi familia: cinco perso-nas murieron en la ltima guerra mundial en Europa. Esto vale para

    todos. En Europa vivimos la gran tragedia de la Segunda Guerra Mun-

    dial, y cada uno de nosotros sabe que el Estadonacin no es un padre

    generoso o formativo.

    No tenemos ninguna nostalgia por el Estadonacin. Dicho esto,

    resta la pregunta: qu significa construir organizaciones para cambiar

    el mundo por fuera de esta tradicin del Estadonacin? Cmo se hace

    para dar cuenta del antagonismo de clases que determin la crisis del

    Estadonacin y oblig al sistema de los Estadosnacin a ceder gran

    parte de su soberana para mantener el sistema, el modo de produccin

    capitalista? Cmo se hace para moverse polticamente desde el puntode [32] vista de la transformacin del mundo de los hombres? Hoy vi-

    vimos una etapa en la que se empieza a recoger la crisis del pensamien-

    to nico y de la ideologa y la prctica neoliberal. Al mirar atrs, hacia

    los ltimos cincuenta aos, observamos que la construccin imperial

    se constituy en dos o tres grandes etapas que correspondieron a gra-

    ves crisis sociales en el mundo contemporneo.

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    Despus del perodo de reconstruccin que sigui a la Segunda

    Guerra Mundial, ese perodo que se llam los treinta aos gloriosos,

    asistimos a una primera gran crisis del sistema liberal tal como haba

    sido construido a nivel mundial. Esa crisis fue provocada por el primer

    salto adelante del sistema de comando, un primer dejar atrs el sistema

    mundial pasando por primera vez al sistema imperial. El sistema de los

    Estadosnacin fue sacudido en sus relaciones por los primeros cam-

    bios de flexibilizacin en estas relaciones a principios de los aos se-

    tenta. El 17 de agosto de 1971 Kissinger y Nixon abren una nueva fase

    del mercado mundial, caracterizada por esta profunda modificacin de

    las relaciones entre los Estadosnacin. La nueva fluidez de los inter-

    cambios determin una rearticulacin de la moneda y de las jerarquas

    que se establecen entre los pases, y se puso en movimiento una flexibi-

    lizacin en las relaciones internacionales que fue teniendo cada vez

    ms peso. Piensen bien: este pasaje se produce a fines de los sesenta,

    particularmente en Europa y los Estados Unidos, donde la posibilidad

    de mantener ese ritmo de desarrollo fue bloqueada por la presin de la

    clase obrera. Es la clase obrera la que pone en aprietos los niveles de

    gasto y de redistribucin, es decir, los niveles de reproduccin del sis-

    tema. [33]

    Siguen entonces los setenta, los aos de represin, represin ferozpara restablecer el comando capitalista ante lo que fue la primera gran

    crisis, que arranca a fines de los aos sesenta, que podemos cifrar en el

    68, y que consisti, repito, en el reconocimiento de que el tipo de desa-

    rrollo capitalista que vena teniendo lugar resultaba entonces imposi-

    ble de mantener y reproducir en tanto sistema capitalista, que es siem-

    pre una posibilidad de reconstruccin de ciertas condiciones. Era im-

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    posible su reproduccin debido al gran empuje que las clases obreras

    pusieron en acto. Junto a esta crisis empieza a perfilarse en aquellos

    aos la crisis del sistema colonial, sistema colonial imperial que tam-

    bin se pone en discusin radical. Es esta serie de elementos la que de-

    termina un primer gran pasaje a otra etapa, que es seguida por la re-

    presin del movimiento.

    Lo que sigue es la restauracin, la regla neoliberal de la represin

    interna de los individuos de cada pas. Tenemos luego un largo perodo

    de pacificacin y estabilizacin, de redimensionamiento global. En esteperodo se forman las nuevas jerarquas y es en ese momento cuando

    se produce un nuevo salto adelante, que es el que vivimos en el ltimo

    tiempo, y que tiene como punto central significativo el fin del Segundo

    Mundo, el fin del mundo sovitico.

    Pero, previo a esto, deca que la crisis del actual modo de produc-cin, unido al neoliberalismo a nivel global, se est definiendo desde

    ahora y de manera muy fuerte, y es desde aqu que estamos frente a un

    nuevo pasaje muy pesado. Yo creo, estoy convencido, que las nuevas

    reglas del unilateralismo norteamericano, las nuevas reglas que se es-

    tn estableciendo a nivel mundial, en el mercado mundial, tienen que

    ver con la concepcin de [34] la guerra como estrategia soberana fun-damental del imperio global norteamericano. Estoy convencido de que

    detrs de esto subyace la conciencia de la crisis del mercado global co-

    mo haba sido imaginada y construida en el espaciotiempo que va

    desde los sesentasetenta hasta ahora. Creo que la crisis interna que la

    economa estadounidense y las instituciones de la economa esta-

    dounidense mundializada estn verificando es una crisis muy pesada

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    que tiene que ser controlada y sostenida, superada de cualquier mane-

    ra; y es a nivel imperial que se lleva adelante esta voluntad de guerra

    instalada en el sistema mismo de la soberana.

    La crisis del pensamiento nico y de la ideologa de la prctica

    neoliberal ha llegado a un punto crtico sobre este borde se organiza un

    contraataque general. Qu posibilidad existe de oponerse eficazmente

    a este contraataque?

    Para dar una respuesta a esta serie de problemas debemos eviden-

    temente analizar la situacin del proletariado, de la multitud, de las

    clases. Tenemos que entender en qu punto la experiencia social ha

    madurado y de que manera se pueden construir alternativas para esta

    situacin. Ahora bien, para profundizar en este discurso deberamos

    establecer algunos puntos elementales que requieren desarrollo.

    El primer punto tiene que ver sin duda un poco con las cosas que

    se vinieron diciendo, es decir, la crisis de larelacin entre el espacio y

    el tiempo del desarrollo capitalista. Espacio y tiempo del control y, por

    lo tanto tambin de la respuesta poltica de izquierda, de transforma-

    cin.

    El Estadonacin es un espacio sobre el cual el desarrollo capita-lista no puede contar ms, o cuenta en [35] trminos de pura represin.

    El espacio del Estadonacin es un espacio que, no importa de qu

    manera se lo mire, est considerado un espacio superado. Pero supe

    rado no solamente desde el punto de vista espacial, sino desde la cali-

    dad del proceso que el Estadonacin comprende o abarca. La poltica

    de la izquierda socialistasiempre consider que la relacin salarial tal

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    como fue construida dentro del Estadonacin es una relacin funda-

    mental sobre la cual construir la poltica. Pero esta relacin salarial de

    por s ha sido limitada, sobre todo en los pases subdesarrollados don-

    de no comprenda a la totalidad de la poblacin, sino que ms bien

    comprenda la regla de la exclusin de una buena parte de esa pobla-

    cin. Esta relacin salarial es una relacin que hoy no podra ser tenida

    en cuenta a nivel nacional. Lasuperacin positiva de la moneda nacio-

    nal en Europatanto como las crisis continuas de las polticas moneta-

    riasen los pases subdesarrollados estn demostrando de manera abso-

    lutamente precisa la imposibilidad de moverseen este espacio.

    Pero este espacio un espacio nacional salarial, muchas veces

    espacio nacional corporativo tambin est en crisis por otras razo-

    nes, como ser por el hecho deque la calidad del proceso productivo se

    ha modificadoprofundamente; para entender esto no hay ms que mi-

    rar al pasado. La bsqueda de trabajo, el perodo de trabajo industrial,

    ha representado sin duda en todo este perodo moderno una tensin

    muy fuerte para todoslos trabajadores. La posibilidad de entrar en las

    industrias, en el sistema de salarios, fue muy importante en la forma-

    cin misma de la clase trabajadora, y por lo tantopermiti que una se-

    rie de estratos de trabajadores haya podido hegemonizar la capacidad

    de conformar las [36] polticas de la izquierda. Pero el tipo de cons-

    truccin dentro de los lmites del Estado de esta clase obrera, de esta

    fuerza de trabajo, est disminuyendo, diluyndose, y es ms, se ha

    vuelto incapaz para transformar la realidad del trabajo.

    El trabajo de hoy no es un trabajo que se haga tanto materialmente

    en las fbricas como en las redes, exprimiendo inteligencia y constitu-

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    yendo una cooperacin. Los elementos innovadores del trabajo se pre-

    sentan en el interior de las redes, en las grandes extensiones cooperati-

    vas del trabajo: se es el verdadero trabajo. Son elementos culturales,

    intelectuales, cientficos, relacionales, afectivos los que constituyen la

    valorizacin del trabajo. Es en este terreno que el valor es captado en el

    sistema econmico, es captado en el nivel social hoy hegemnico de la

    produccin. No es tan importante el trabajador de mano dura, es en tan-

    to trabajador social que cobra valor. Este trabajador social tiene caracte-

    rsticas que ataen a la flexibilidad en el trabajo, caractersticas de crea-

    cin a nivel social. Se trata de una apropiacin del instrumento de tra-

    bajo que es l mismo, su propio cerebro. El obrero clsico iba a la fbri-

    ca para que le prestaran un instrumento de trabajo del capitalista. Hoy

    esto ocurre siempre en grado menor y es de otra manera. El instrumen-

    to del capitalismo es otra cosa, es la capacidad del trabajo mismo; el ce-

    rebro es lo que puede funcionar en la construccin de la red del trabajo.

    No es que los trabajadores no pusieran su espritu en la cadena de traba-

    jo fabril, claro que lo hacan, pero hoy estos elementos de creacin con-

    tinua y de cooperacin son los que determinan el punto central de la va-

    lorizacin, el punto central de la innovacin social, el punto central de la

    cohesin social misma. Por lo tanto, cuando [37] se dice que uno tiene

    que ir ms all del estado del trabajo, cuando se dice que se debe ir ms

    all de aquella vieja situacin en la cual el trabajo era aqul que era de-

    terminado por la clase obrera y su organizacin, no significa de ninguna

    manera que se est en contra de la centralidad del trabajo. El trabajo es

    central en la sociedad, pero se trata de otro trabajo.

    El otro da lea la crnica de una discusin entre John Holloway y

    el MTD [Movimiento de Trabajadores Desocupados] de Solano, creo

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    que as se llaman, de Buenos Aires. Haba un trabajador, un desocupa-

    do, que deca: No me gusta ser llamado desocupado, porque el trabajo

    que yo busco no est ms, no existe, no es el de obrero clsico. El traba-

    jo que yo busco es de agente social de la produccin, el trabajo que de-

    be inventar la produccin de la nacin social.

    Yo no quiero hacer un mito de esto, estas experiencias tienen lu-

    gar en un ambiente muy tenso de lucha, de imaginacin, y se hallan an-

    te un poder malvado. S medir perfectamente la realidad de estos pro-

    cesos, pero es cierto que el trabajo hoy se est convirtiendo en esto. Entodos los pases desarrollados el trabajo es el centro de la sociedad, es

    la materia con que se hacen las relaciones y se conforma el cuerpo. Si

    es verdad que el instrumento se ha traspasado al sujeto, si la situacin

    es sta, evidentemente nosotros tenemos que inventar una forma social

    en la cual esta productividad pueda ser puesta en acto. Por lo tanto, se

    trata de inventar una nueva conformacin tcnica de la multitud en la

    cual el trabajo intelectual y material tienen que combinarse.

    Una de las experiencias ms importantes desarrolladas en Italia,

    en el movimiento de los movimientos, fue justamente la recomposicin

    luego de tantos aos de [38] lucha y de desencuentros de lo que

    podramos llamar movimientos del precariado intelectual, que constitu-ye la base de los movimientos sociales de hoy, integrada por ciudadanos

    de la metrpoli, de la ciudad, y algunos representantes muy importantes

    del sindicalismo. Es la primera vez luego de muchos aos que se reen-

    cuentran con estratos importantes de los sindicatos, que empiezan a

    comprender lo que vendr ms all del trabajo y que entienden cmo

    sus hijos, estos nuevos obreros intelectuales, no son sus enemigos.

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    Recuerdo que en los aos setenta, ms precisamente en 1975, es-

    taba delante de la fbrica Alfa Romeo, donde nos hicimos presentes

    porque los obreros, para sostener la produccin de la fbrica, haban

    aceptado trabajar tambin los sbados. Nos presentamos llevando a los

    jvenes desocupados delante de la fbrica, y los obreros, de manera

    corporativa, rechazaron este contacto. Hubo peleas, algunas palicitas.

    Hoy esto ya no sucede ms. Hoy la conciencia de la recomposicin de

    una hegemona del trabajo en la sociedad puede pasar a travs de una

    alianza del trabajo intelectual, del trabajo flexible, del trabajo mvil,

    del trabajo social y del trabajo de fbrica. Hay que tener presente que el

    trabajo social, intelectual, es el hegemnico, el que templa a la socie-

    dad, comanda el desarrollo organizativo y las formas de desarrollo or-

    ganizacional.

    Pueden ver que siempre en las discusiones sobre el imperio se di-

    ce algo muy simple: que el trabajo y la produccin hoy no son simple-mente la produccin mecnica, la produccin de valores que se limitan

    a la fbrica o a la creacin de bienes o instrumentos. Cuando la pro-

    duccin se convierte en una produccin intelectual, social, es toda la

    sociedad la que se pone a trabajar. Esto [39] significa que lo que se po-

    ne a trabajar es la vida, pero si se pone a trabajar la vida entonces nos

    encontramos en una condicin biopoltica, en la que el trabajo modifi-ca sistemtica y continuamente la vida. Es verdad que el trabajo siem-

    pre ha tenido influencia sobre la vida, quien no trabaja no come se

    deca cuando yo era chico. Pero hoy es algo completamente diferente,

    se habla de que las condiciones mismas de la vida sirven para construir

    valores, y con esta construccin de valores se transforma inmediata-

    mente la vida. Vivir y trabajar son una misma cosa y la transformacin

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    tiene lugar siempre de una manera consciente y a la vez completa: de

    aqu la necesidad siempre mayor, abierta, fundamental del poder capi-

    talista. Necesidad de poder romper esta conexin, de introducir la

    muerte dentro de esta relacin entre la vida y la emancipacin, entre la

    liberacin y la liberacin de los deseos. Hoy, cuando Bush habla de la

    guerra y de la guerra infinita, no habla simplemente en contra de estos

    enemigos imaginarios escondidos en todas partes; habla en contra de

    esta fuerza, de esta multitud que est ah, delante de su poder. Y son

    estas multitudes llenas de vida las que estn siendo atacadas en nom-

    bre de una poltica de la muerte. Estas polticas de la guerra se con-

    vierten en elementos de produccin en el interior de los Estados

    nacin que nosotros conocemos, en los que la poltica militar, la polti-

    ca econmica, la poltica de la constitucin tienen lugar de la misma

    manera en otras partes del mundo, de un modo unitario, jerarquizando

    para dividir, para matar.

    Cuando se vive en el imperio no hay ms un afuera, fuera del im-

    perio no existe nada. Estamos dentro del imperio. La guerra, qu es?

    No es una guerra contra algo que est afuera sino una guerra contra

    alguien que [40] est adentro, una guerra que se puede decir simple-

    mente civil. Es una guerra que no est hecha solamente por los ejrci-

    tos sino tambin por la polica, o mejor dicho, ejrcito y polica no sedistinguen ms. No se sabe ms si estamos ante encuentros de intensi-

    dad diferente. Cul es la diferencia entre la guerra del ejrcito y la de

    la polica? Si ustedes van a Israel, por ejemplo, la relacin entre ejrcito

    y polica no se entiende, o si van a Gnova, en las manifestaciones del

    G8 no se distingua la polica del ejrcito en la intensidad del enfrenta-

    miento. Yo creo que en el interior de cada pas est ocurriendo esto,

    29

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    una guerra civil para reintroducir la divisin del trabajo: se est recon-

    quistando todo el tejido social para producir muerte.

    La Argentina es un lugar donde algunos de estos fenmenos sevienen dando de manera muy avanzada. Es la Argentina de alguna

    forma ingenua con respecto a esa terrible experiencia? Ocurre como

    en la Comuna de Pars, que lleg a ser para los comunistas del siglo

    XIX un lugar de gran unidad entre trabajadores y no trabajadores, en-

    tre trabajo intelectual y trabajo material, entre ocupados y desocupa-

    dos, entre las diferentes clases medias que son atacadas directamente?Estamos ante un modelo de unidad que nos marca para movernos

    hacia adelante? Yo deca al principio que no lo s, no estoy informado,

    no conozco bien.

    Pero es cierto que cada vez que queremos, que estamos buscando

    algo que nos ilumine, tenemos que pasar a travs de estos estratos

    nuevos de unidad del trabajo y encontrarnos con esta capacidad nueva

    que tiene el capital, con la crisis, con la guerra, con la ejercitacin de la

    polica que busca dividir el trabajo.

    Yo espero que se pueda discutir ampliamente esta tesis. Creo que

    de esta forma puedo, gracias a ustedes que [41] me han escuchado,

    abrir una discusin til. Muchas gracias.

    PREGUNTAS

    La dialctica ha constituido durante los ltimos 150 aos el ins-

    trumento de anlisis por excelencia de los marxistas, pero usted ha

    postulado que sta constituye el a ma de dominio del capital sobre elr

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    trabajo. Puede ampliar esto?

    Yo creo que cuando la dialctica funciona como forma antagonis-

    ta, permanece como la llave fundamental, central, de nuestro hablar,as como lo era en el pensamiento. Es decir, la dialctica como enfren-

    tamiento, afirmacinnegacin. La gran crisis de la dialctica llega

    cuando es presentada en forma hegeliana, esto es, como sntesis. La

    dialctica en este caso no se presenta ms como enfrentamiento de po-

    siciones sino como negacin de la negacin, es decir, como superacin

    de la relacin antagonista. En la dialctica marxista esta dinmica de lasuperacin se da algunas veces, pero cuando Marx se encuentra, sobre

    todo, con el anlisis de los fenmenos histricos, el proceso dialctico

    en estos trminos es completamente superado. De hecho, la dialctica

    fue presentada en su forma hegeliana como un arma decisiva en la

    construccin de la ciencia histrica, de la ciencia social y de la ciencia

    jurdica capitalista.

    La dinmica dialctica que nosotros conocemos en la filosofa del

    derecho y de la historia de Hegel representa estructuras para contener la

    contradiccin y para superarla. El marxismo es el pensamiento de la cri-

    sis, no la superacin de la contradiccin. Es un pensamiento [42] sobre

    la ruptura de los trminos que son puestos en relacin. Es un pensa-miento de la diferencia respecto de todo pensamiento de la identidad.

    Yo reivindico nada ms que esto, reivindico esta tradicin distinta que

    est en toda la modernidad, contra la sntesis, y no slo la sntesis dia-

    lctica de Hegel sino la sntesis que podemos encontrar en el pensa-

    miento de Hobbes o en la concepcin poltica democrtica de Rousseau.

    El ncleo de un pensamiento que se quiera revolucionario debe

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    ser un pensamiento de la crisis, de la ruptura de esta experiencia.

    Cuando yo digo esto me refiero a algo que se ha afirmado profunda-

    mente en la segunda mitad del siglo XXen el terreno filosfico. Me re-fiero a todo aquello que fue la reaparicin obrerista del marxismo, que

    se cumpli esencialmente entre militantes. Pero, por otra parte, me re-

    fiero tambin a las tendencias del nuevo pensamiento francs, particu-

    larmente despus del estructuralismo, desde Foucault, que fue funda-

    mental en fijar y puntualizar la diferencia como posibilidad de cualifi-

    cacin del pensamiento revolucionario.

    Otro elemento que me parece extremadamente importante, siem-

    pre en esta aura del nuevo pensamiento que construye la nueva lgica

    de las posiciones, es, por ejemplo, el pensamiento histrico de los estu-

    dios subalternos. Este pensamiento ayud e hizo crecer de muchas

    formas las posiciones poscoloniales en el pensamiento anglosajn y

    norteamericano. Dira que stos son una serie de elementos que cons-truyen una posicin antidialctica. Piensen bien: qu es la dialctica

    en realidad? La dialctica tal como nosotros la conocemos a partir de

    Hegel, es una vieja concepcin de mis padres. Hay dos posiciones, una

    contra la otra, afirmacinnegacin, despus hay una tranquila supe-

    racin en que [43] se recupera una parte de uno y del otro. Y es sta la

    dialctica que tenemos que rechazar, dialctica que represent un ele-

    mento absoluta y ferozmente negativo en el mbito del socialismo real,

    de su realizacin. El socialismo real fue verdaderamente un lugar de

    inmensa realizacin de este tipo de pensamiento dialctico.

    La gramtica de la mercanca establecida en el primer libro deEl

    capital es todava para usted el centro del capitalismo actual?

    32

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    Yo creo que la dialctica de la mercanca es todava muy impor-

    tante en la valorizacin y en los procesos de alienacin mercantil; to-

    dava son muy importantes en la dialctica, en la concepcin del capi-

    talismo de hoy. Creo que, por ejemplo, toda aquella gran polmica que

    se desarroll en torno a los problemas de las marcas, de la inflacin

    comercial, es muy importante retomarla, pero el resto... Yo agregara,

    sin embargo, otro elemento. Estoy convencido de que si el trabajo se ha

    modificado de la manera que hemos dicho previamente, si el trabajo se

    ha inmaterializado, si se ha convertido cada vez ms en una expresin

    de contenidos cognitivos, relacionales, intelectuales, cientficos y emo-

    tivos, la explotacin tiene entonces lugar fundamentalmente en la for-

    macin de la mercanca capitalista al pasar por dos procesos.

    El primero es un proceso positivo. Proceso de extraccin del valor

    de la cooperacin de los procesos productivos. El valor se forma en la

    cooperacin de los singulares, de los individuos, que, juntos, se de-sarrollan en comunicacin. Por lo tanto, hay una primera forma que

    atae a la alienacin del trabajo que se multiplica entre [44] muchas

    personas, una cooperacin que no es la suma del trabajo, sino algo ms

    que eso. El trabajo de muchos trabajadores que se comunican no es

    simplemente la suma, es algo que est multiplicado cognitivamente, lo

    cual conforma los primeros contenidos de la explotacin.

    Otra de las formas de la explotacin es el impedimento de la co-

    municacin, la absorcin parcial y la capacidad de dividir y seccionar

    comunicacin y cooperacin.

    Por tanto, la gramtica de la mercanca es una gramtica que se

    integra en la produccin cognitiva, intelectual y material, y va ligada a

    33

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    estas nuevas formas de bloqueo, de destruccin de la cooperacin, en

    contra de la cooperacin. Es dentro y contra la cooperacin que el capi-

    tal construye la explotacin, y por tanto su riqueza.

    Una polmica trascendente que tiene lugar en el terreno intelec-

    tual y que tiene enorme importancia a la hora de definir la estrategia

    poltica es la que gira en torno al concepto de imperialismo e imperio.

    Usted tiene alguna opinin sobre esta polmica?

    Evidentemente la distincin es muy importante. Cuando digo im-perialismo me refiero a una definicin clsica, por as decir, elaborada

    a fines del siglo XIX y que fue tomada por los grandes escritores socia-

    listas que conocemos, de Engels a Lenin. Pero, por otra parte, el impe-

    rialismo fue definido tambin en el interior de la escuela clsica bur-

    guesa, particularmente por Hobson y otros autores. Considero al impe-

    rialismo como una expansin del concepto del Estadonacin. El impe-

    rialismo es una lnea poltica, una lnea estructural que [45] encarna la

    voluntad de expansin del Estadonacin, ya sea desde el punto de vis-

    ta de la ocupacin territorial, sea desde el punto de vista de la exten-

    sin de la influencia comercial, o bien desde la imposicin de modelos

    polticos y lingsticos. El imperialismo puede ser equiparado con el

    colonialismo o puede ser algo diferente del colonialismo, pero predo-

    mina su consideracin como colonialismo, como una prolongacin

    esencial y unilateral del Estadonacin.

    Cuando se habla de imperio, se habla de algo completamente di-

    ferente, se habla de un concepto poltico que va ms all de los Esta-

    dosnacin. Se est pensando en la construccin de un espacio de co-

    34

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    mando, en la definicin de un fenmeno o de un principio de sobera-

    na que cubre todo el mercado mundial, el mercado global, la sociedad

    global. Cuando se habla de imperio se habla de una forma de gobierno

    que no admite algo afuera respecto de s mismo. El imperio no tiene un

    afuera. Los imperialismos tenan cada uno un afuera, haba algo con lo

    que se enfrentaban: otro imperialismo u otras fuerzas. El imperio, por

    el contrario, no tiene algo afuera; pero este no tener afuera del imperio

    hay que tomarlo con mucha prudencia. Los procesos imperiales son

    procesos que todava estn en acto. Cuando se define el imperio yo

    pienso que hay que definir en el mismo momento una serie de compo-

    nentes del imperio, que actan junto a l, y por medio de estas conco-

    mitancias configuran las dimensiones, las estructuras y los movimien-

    tos internos del imperio.

    Nosotros, por ejemplo, hemos hablado del imperio como una me-

    tfora del Imperio Romano, sin tener muy en claro que se trata de unametfora. Una metfora que toca tres sistemas: monrquico, aristocr-

    tico y de-[46]mocrtico. Como ustedes saben, en la teora antigua, cl-

    sica, fueron definidas tres formas de gobierno; cada una de ellas el

    gobierno de uno, el de los pocos y el de los muchos poda asumir

    una forma de corrupcin, y, ms an, tena que asumir una forma de

    corrupcin. Cada una de estas formas de gobierno pasaba por un reco-rrido cclico que la llevaba desde la forma buena a la mala, y en el mo-

    mento en que se entraba en la mala se necesitaba otra forma de go-

    bierno. Se pasaba as de la monarqua a la oligarqua, de la oligarqua a

    la democracia. Polibio dice que en el Imperio Romano, en la figura im-

    perial as como la asumimos nosotros, metafricamente, las tres for-

    mas de gobierno se complementan para evitar el ciclo de la corrupcin,

    35

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    porque la correccin que la monarqua hace de la aristocracia y la aris-

    tocracia de la democracia, as como a la inversa, es algo que permite a

    este conjunto de fuerzas mantenerse unidas. Y el imperio actual es algo

    que puede mantener unidas a la gran fuerza militar de los Estados

    Unidos y la capacidad de las multinacionales, los gobiernos europeos,

    el G8, que forman la aristocracia de este mundo.

    Por consiguiente, monarqua y aristocracia estn presentes, por-

    que de democracia en este mundo global se ve muy poco. Est este pol-

    villo de episodios gubernativos, fuertes pero temporarios, intempesti-vos, de movimientos. De ah la posibilidad de pensar que el imperio,

    funciona en estos trminos. Creo que a pesar de todo el imperio puede

    ser definido, aunque no como imperialismo norteamericano, que pue-

    de ser una definicin por la que todava se tiene particular afecto y ms

    hoy cuando es un gobierno de usurpadores, una sociedad que organiza

    la guerra. Pero el problema no es ste, sino [47] entender que sin laaristocracia capitalista el gran poder militar de los Estados Unidos no

    podra funcionar. Sin alguien que pague y organice sistemticamente

    las funciones de gobernar el imperio, y esto es esencialmente la aristo-

    cracia imperial, el gobierno del mundo no existira; los norteamerica-

    nos podrn usar todas las bombas atmicas que quieran, pero la fuer-

    za, el tejido de este imperio, se encuentra esencialmente en las ad-hesiones de los gobiernos capitalistas, en la adhesin del poder capita-

    lista. Este imperio no es norteamericano; este imperio es, ante todo,

    capitalista. No es el imperio de Bush, ni el de los Estados Unidos. Per-

    sonalmente estoy convencido de que la nica manera de que puedan

    darse los grandes procesos mundiales de resistencia, de revolucin, de

    ruptura es, necesariamente, pasando por este gran proceso. Deben ne-

    36

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    cesariamente pasar a travs de las fuerzas democrticas populares de

    las multitudes norteamericanas.

    Antonio, en qu cosa est trabajando en este momento?

    Ahora estoy trabajando principalmente en un peridico que se

    llama Global Magazine. Consiste en una publicacin mensual que pro-

    duce el movimiento, en la cual estoy empeado trabajando con otros

    compaeros. Se trata de un trabajo de propaganda de elaboracin. En

    segundo lugar estoy trabajando, poniendo a punto, una serie de leccio-nes, de guas metodolgicas dirigidas a poder clarificar los presupues-

    tos, los anlisis, que me llevaron a realizar Imperio. Algunos conceptos

    clave en la teora marxista, como el de soberana o el de mercanca. Es-

    toy tratando de desarrollar el concepto de so-[48]berana, busco articu-

    lar una polmica en contra de todas las concepciones conceptualistas

    de soberana. Busco un concepto de soberana dual, busco poder con-cebir una nocin de soberana no desde una perspectiva dialctica, dia-

    lcticohegeliana, sino como un poder que constituye y que aprieta,

    sugiero que la relacin entre soberano y sbdito sea tomada como

    abierta, y la relacin entre comando, orden y obediencia se entienda

    siempre como dinmica. La accin del sbdito, o mejor, la subjetividad

    del sbdito puede modificar la forma de gobierno. Y esto es algo quevale para m como un elemento fundamental, ligado al concepto de ca-

    pital, que es siempre el concepto de una relacin. El concepto de capi-

    tal no es esta bestia grande que tenemos ah delante: el capital es una

    relacin en la cual la fuerza de los trabajadores, su inteligencia, la rup-

    tura de los trabajadores interrumpe o impulsa al capitalista a recalibrar

    continuamente esta relacin. Nosotros tenemos que insistir sobre esta

    37

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    relacin; slo sobre esta relacin no dialcticohegeliana es que tene-

    mos la posibilidad de comprender cmo se desarrollan estos procesos.

    Adems estoy trabajando en el segundo libro de Imperio. Se veque Imperio vuelve, todava golpea. Lo estoy haciendo con Michael

    Hardt y creo que el libro se llamar Guerra y democracia, yes sobre el

    tema de la guerra que estamos desarrollando nuestro trabajo.

    Una ltima y pequesima pregunta: cmo espera el da de su li-

    bertad definitiva?

    No lo s. El da de mi libertad tendra que ser el 24 de octubre de

    2003, pero ahora hay en Italia una pro-[49]puesta de amnista, de re-

    duccin de las penas. Es probable que tambin sea en este verano, yo

    prefiero no pensar mucho e intentar vivir lo mejor posible. El problema

    es que el movimiento en Italia est creciendo mucho. No quisiera que

    hubiera nuevas provocaciones como las hubo en los aos setenta; eso

    podra retardar el momento de mi libertad.

    38

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    [53]

    El trabajo de la multitud

    y el xodo constituyente,

    o el quilombo argentino

    Antonio Negri

    Giuseppe Cocco

    Cuanto ms nos adentramos en esta primera dcada del siglo XXI,

    ms firme es la sensacin de que el proyecto neoliberal agot su respi-

    racin. El propio proceso de globalizacin pasa por una fase de transi-

    cin particularmente convulsionada. La creciente volatilidad de losmercados y la velocidad de propagacin mundial de sus impactos, que

    ya caracteriz a la segunda mitad de los aos noventa, encuentran hoy

    las amenazas de la recesin mundial.

    El unilateralismo de la administracin norteamericana parece

    sancionar, junto con el regreso de las preocupaciones proteccionistasde las industrias domsticas, la reafirmacin de la soberana nacional

    como marco necesario de una nueva generacin de polticas indus-

    triales y econmicas. Corolario casi automtico de ese desvo de las co-

    rrelaciones de fuerzas que atraviesa la economa mundial, antiguos cli-

    vajes parecen renovarse volviendo a oponer el centro hegemnico

    norteamericano a las periferias.

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    Despus del 11 de septiembre de 2001, la guerra global permanen-

    te confirma el retorno de ntidos [54] proyectos de tipo imperialista

    por parte de la administracin Bush. Nuevos y viejos fundamentalis-

    mos se alimentan recprocamente, como siniestras mquinas mortfe-

    ras, para afirmar que la nica salida del neoliberalismo slo puede

    acontecer de manera reaccionaria y conservadora: sea, por medio de

    un renovado populismo nacionalista e imperialista, o bien de un re-

    animado populismo del fundamentalismo religioso.

    En los dos casos, la reaccin contra los mercados y la globaliza-cin nos hace pensar en la Europa de los aos treinta, cuando el fas-

    cismo y el nazismo, con el apoyo de las lites industrialmilitares na-

    cionales, realizaron esas trgicas operaciones y combatieron el interna-

    cionalismo del movimiento obrero con la demagogia xenfoba y anti-

    semita de la lucha contra el capital cosmopolita. La guerra global

    permanente reproduce la trascendencia de los mercados y de la sobe-rana, pero esta vez en la manera regresiva de un poder definitivamente

    insensato y paranoico que encara la propia globalizacin como un pro-

    blema.

    Ahora, al paso que el unilateralismo de Bush puede ser inter-

    pretado como una reaccin (de la vieja economa del petrleo!), par-tiendo del hecho de que tambin los Estados Unidos son aspirados en

    un proceso de globalizacin que no consiguen dominar, una nueva ge-

    neracin de movimientos y conflictos sociales de bases globales consi-

    gui afirmar las dimensiones constituyentes del imperio. Desde Seattle

    hasta Gnova, la globalizacin apareci definitivamente como un espa-

    cio abierto a un nuevo tipo de luchas.

    40

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    En Gnova, en las formas originales de organizacin en red de re-

    des del Foro Social de Gnova, el llamado Pueblo de Seattle anunci la

    transformacin de las [55] manifestaciones de Praga, Gotemburgo y

    Quebec contra las cpulas del Fondo Monetario Internacional, de la

    Organizacin Mundial de Comercio y del Banco Mundial en un verda-

    dero ciclo de luchas cuyo actor es un movimiento mltiple (hecho de

    muchos movimientos), globalizado (hecho de flujos de movimientos

    globalizados) y constituyente (embrin de nuevos modos de moviliza-

    cin social, de un nuevo modo de produccin y subjetivacin).

    La fenomenologa del movimiento de los movimientos1 es ca-

    paz de colocar, en la sistemtica deslegitimacin de una soberana im-

    perial fundada en su efectividad, o sea, en la ley de la fuerza, la cues-

    tin de la determinacin ontolgica de los procesos contemporneos

    de ruptura con el orden capitalista del mundo.

    En este nuevo escenario, el Foro Social Mundial (FSM) de 2002, en

    Porto Alegre, dio un gran paso hacia adelante, no slo presentndose

    como un contrapunto social de los dueos de la economa (el Foro de

    Davos), sino abriendo brechas significativas en el discurso neosobera-

    nista (y antiglobalizacin) que tanto marc su primera edicin (en el

    ao 2000) y continu marcando su representacin formal en los me-

    dios nacionales e internacionales.2Y eso gracias al hecho de que el FSM

    1 Para una presentacin ms profunda del movimiento de Gnova, antes y des-

    pus del 11 de septiembre, vase G. Cocco y G. Hopstein (orgs.), As multidoes e o Impe-

    rio,Ro de Janeiro, Ed. DPA, 2002. Vase tambin varios artculos en Lugar Comun, n

    1314 de eneroagosto de 2001 y 1516 de septiembre de 2001abril 2002, Ro de Janei-

    ro, Nepcom/UFRJ.

    2 Para una reflexin crtica sobre el FSM de Porto Alegre, vase el documento co-

    41

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    de 2002 se sostena sobre dos patas nuevas. Una de ellas estaba en G-

    nova, la otra estaba con certeza del otro [56] lado de la fronteragacha,

    en Buenos Aires. En diciembre de 2001, la larga agona de la nacin ar-

    gentina acab explotando cuando las multitudes arrastraron la pavoro-

    sa poltica de De la Ra (bajo los auspicios del FMI y del BM), al mismo

    tiempo que negaron cualquier legitimidad al nacionalismo peronista:

    Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!. Es exactamente en la

    tragedia argentina donde encontramos, de manera todava ms poten-

    te, las tramas del trabajo y de una posible poltica de la multitud.

    En la Argentina, la multitud aparece como siendo el contenido

    del cual el imperio es el contenedor.3 Las manifestaciones insurrec-

    cionales del 19 y 20 de diciembre de 2001 no derrumbaron solamente al

    gobierno, sobre todo abrieron un formidable perodo de experi-

    mentacin e innovacin social, econmica y poltica. Los cortes de ru-

    tas y accesos por los piqueteros, los cacerolazos de las llamadas clasesmedias urbanas, el asedio sistemtico de los ahorristas a los bancos, las

    asambleas barriales e interbarriales, la autogestin por los trabajadores

    de las fbricas quebradas y las redes de economa solidaria (red global

    del trueque) constituyeron una nueva configuracin del movimiento

    de los movimientos. En el quilombo*argentino,4el xodo de las polti-lectivo Porto Alegre 2002: O Trabalho das Multides, Lugar Comun, n 17, Ed. E

    Paper/LABTeC, mayooctubre de 2002.3 Jacques Rancire, Peuple ou multitudes?. Entrevista con Eric Alliez. Multitu-

    des,n 9, Pars, Exils, p. 98.* En el lunfardo rioplatense: alboroto, barullo, gresca, prostbulo.En la Argenti-

    na, este trmino, de registro coloquial, se halla actualmente muy difundido y expresa

    los conceptos de desorden y caos. [N. del T.]

    4 Para una problematizacin del movimiento argentino en esa perspectiva, vase

    42

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    cas neoliberales aparece como el xodo constitutivo [57] de una posible

    poltica de multitud. Un anlisis tradicional de su composicin social

    encontrara inmediatamente sus dimensiones fragmentarias y, por eso,

    inconciliables: clases medias urbanas por un lado, y proletarios desem-

    pleados de la periferia, por otro.

    Cmo explicar la conjuncin de figuras sociales tan diferentes en

    el plano de la composicin de intereses y sobre todo atendiendo al tipo

    de insercin y posicionamiento que ellas tenan en el propio perodo

    neoliberal? Cmo explicar el completo derrocamiento de cualquierforma de representacin y la deslegitimacin de toda instancia de po-

    der constituido?

    Ms all de todas las dificultades que el movimiento argentino

    puede estar enfrentando y enfrentar, sus elementos constituyentes

    permanecen y permanecern como una plataforma esencial para el

    movimiento de los movimientos, para pensar el propio concepto de

    multitud y las posibilidades de reunir el desarrollo de la riqueza onto-

    lgica de la multitud cooperante (el trabajo de la multitud) con la ca-

    pacidad de oponerse de manera eficaz al poder capitalista (la poltica

    de la multitud). El movimiento argentino se constituye en un evento

    sin finalidad definida, en una ruptura, en una mudanza de la percep-

    cin colectiva. O sea, con el movimiento argentino podemos pensar

    materialmente una multitud capaz de decidir y, as, en las posibilidades

    de realizacin de la democracia.

    Cules son los elementos constituyentes del quilombo argentino?

    Gerardo Silva, O Quilombo Argentino, Lugar Comun, n 17, Ed. EPaper/LABTeC,

    mayooctubre de 2002.

    43

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    El primero tiene que ver con la desmentida cabal de que haya al-

    gn determinismo entre la disolucin social de la relacin salarial ca-

    nnica y el inevitable debilitamiento de los movimientos sociales. Por

    el contrario, [58] la casi desaparicin del obrero asentado en un contra-

    to de trabajo por tiempo indeterminado y garantizado por la doble re-

    presentacin del sindicalismo peronista y del Estado, no impidi las

    recientes, contundentes y radicales movilizaciones sociales. Ms an,

    se constituy en una de sus condiciones necesarias.

    A propsito, una de las operaciones ms arriesgadas, desde elpropio punto de vista del poder, del neoliberalismo a la Menem, fue

    justamente la de haber destruido una parte significativa de la fuerza de

    los gordos5o sea de la burocracia sindical peronista y, con ella,

    parte de la espesa malla corporativa de privilegios y redes clientelistas

    y maosas que constitua el verdadero lastre de complicidades sociales

    en las cuales navegaba el navo pirata de la dictadura y del justicialis-

    mo.

    Al igual que en los pases socialistas, la crisis del desarrollo en

    Amrica latina en general y en particular en la Argentina est fuerte-

    mente determinada por la ausencia de aquellos rasgos de libertad que

    son necesarios para tener acceso a la posmodernidad, al posfordismo.Los regmenes de control estatal de tipo nacionaldesarrollista eran in-

    capaces de introducir aquellos elementos de libertad y de innova-

    5 Los gordos: as son llamados los miembros de la cpula de los sindicatos pe-

    ronistas. Vase Federico Schuster y otros, La trama de la crisis. Modos y formas de pro-

    testa social a partir de los acontecimientos de Diciembre de2001, Instituto Gino Ger-

    mani, Universidad de Buenos Aires, junio de 2002, p. 37.

    44

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    cin/invencin por parte del trabajo vivo, que son necesarios para

    construir una sociedad civil.

    Est claro que los neoliberales hicieron pagar un altsimo preciopor ese pasaje (basado en el desmonte del pacto corporativoestatal) a

    los propios obreros y a [59] la sociedad argentina en su conjunto. Al

    mismo tiempo, no debemos olvidar que el neoliberalismo en Amrica

    latina, de la misma manera que en los Estados Unidos, en Europa occi-

    dental y, como dijimos, en los pases del socialismo real, afirm su

    hegemona tambin porque supo captar e instrumentalizar una vastademanda popular de ruptura del tejido de privilegios privados y corpo-

    rativos incrustados en la hegemona real o tendencial de la relacin sa-

    larial.

    El desmonte de parte de esos privilegios produjo privilegios y tra-

    gedias todava peores, pero termin dejando un espacio abierto para

    formas de participacin popular antes impensables. La potencia del

    movimiento argentino, a pesar de la inexistencia de las tradicionales

    relaciones sociales basadas en el empleo formal y sindicalizado, mues-

    tra cunta libertad puede generar la crisis de la relacin de servidum-

    bre que es el trabajo asalariado. La multitud acab afirmndose como

    el contenido de la globalizacin, o sea, afirmando su fuerza productiva

    como potencia del ser comn, produccin entendida como fuerza habi-

    tada por una teleologa inmanente a su esencia afirmativa.6Esos agen-

    ciamientos productivos son la realidad del imperio: son las luchas de la

    multitud que produjeron el imperio en cuanto inversin de su propia

    imagen.

    6 J. Rancire, ibd.

    45

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    El segundo elemento nos introduce directamente en la cuestin

    de la composicin tcnica de las carnadas sociales que constituyeron el

    quilombo de las pampas. Cmo fue posible la recomposicin polti-

    ca entre, por un lado, los piqueteros desempleados excluidos por la

    reestructuracin productiva y las polticas neoliberales [60] de corte

    del gasto pblico y, por otro lado, los incluidos los ahorristas

    con sus cuentas en dlares y los trabajadores urbanos de los servicios

    (privatizados) que disfrutaron durante aos del poder de compra arti-

    ficial proporcionado por la irresponsable poltica monetaria del cu-

    rrency board?

    Esto fue posible porque esas dos figuras sociales tenan y tienen

    muchas ms cosas en comn que lo que la tradicional teora de clases

    pretende y el comando intenta esconder. El neoliberalismo, an ms en

    Amrica latina que en Europa y los Estados Unidos, represent tam-

    bin una tentativa de implementar nuevas condiciones de valorizacin

    buscando la nueva potencia ontolgica del trabajo. Ante eso, lo que

    quedaba del movimiento obrero, entregando su tradicional vocacin de

    anticipacin del capital a la dinmica del desarrollo, se retiraba cada

    vez ms dentro de fronteras conservadoras y corporativas.

    Ms all de las ilusorias metas de estabilizacin macroeconmi-cas por medio de la manipulacin de las tasas de cambio e intereses,

    las polticas neoliberales intentaban presentar, a travs de las privati-

    zaciones y la lgica del mercado, un espacio pblico de cooperacin

    social sin el cual el nuevo rgimen de acumulacin basado en el trabajo

    material no es mnimamente viable. Pero ese espacio de mercado ape-

    nas es un sucedneo del espacio pblico, incapaz de movilizar los terri-

    46

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    torios productivos de las redes.

    En una primera fase eso pareca funcionar: no fue por casualidad

    ni por mera manipulacin de los medios de opinin pblica que Me-nem7 consigui triunfar fcil-[61]mente por segunda vez. En aquel

    primer momento, aunque de modo completamente superficial e ines-

    table, la dinmica del mercado consigui disipar los efectos de distor-

    sin ptica de la hiperinflacin y volver ms transparente el sistema de

    precios relativos (y, as, las condiciones reales de la distribucin de la

    renta). Se alcanzaron tambin aumentos significativos de produc-tividad y, sobre todo, niveles mucho ms dinmicos de universaliza-

    cin de los servicios en comparacin con los servicios prestados por el

    Estado autoritario y corporativo del nacionaldesarrollismo.

    En el primer momento de esa dislocacin, las polticas neolibera-

    les consiguieron leer e interpretar la potencia de un nuevo tipo de tra-

    bajo, fundamentalmente basado en sus dimensiones inmateriales es

    decir, afectivas, intelectuales, comunicacionales y lingsticas. Un

    trabajo cuya socializacin tiende a ser independiente de la relacin sa-

    larial y cuya productividad est sujeta, al mismo tiempo, a los niveles

    de su socializacin y los de su ciudadana material, o sea, a la univer-

    salizacin de los servicios bsicos y avanzados.

    Es claro, como dijimos, que esa dislocacin fue superficial y par-

    cial. Los neoliberales no se apoyaron en ningn pacto social ni en la

    7 Para Fernando Henrique Cardoso no fue muy diferente. l no slo [61] consi-

    gui ser reelegido, sino que ya en la primera eleccin consolid un voto de aprobacin

    de la poltica econmica por l desarrollada como ministro de Hacienda del gobierno de

    Itamar Franco.

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    nica genealoga posible de esa dislocacin, aquella de las luchas co-

    ntra la sociedad disciplinaria del trabajo. El nico recurso que podan

    movilizar consista solamente en las tcnicas monetarias preconizadas

    por el Consenso de Washington. [62]

    En lugar de constituir una esfera pblica de ciudadana producti-

    va, fueron privatizando lo que deba ser comn y, construyendo reg-

    menes cada vez ms fragmentados y diversificados de acceso a los ser-

    vicios segn la dinmica del poder de compra, terminaron amplifican-

    do locamente los niveles de exclusin social. De esta manera, lo que losneoliberales fragmentaban era la propia posibilidad de constituir la

    composicin tcnica de un nuevo tipo de trabajo socializado, cuya pro-

    ductividad dependa cada vez ms de los niveles de singularizacin y

    de igualdad (de ciudadana material) de una multitud de trabajadores.

    Pero aquello que las polticas neoliberales fragmentaban y el cor-

    porativismo sindical no reconoca, el trabajo de la multitud fue capaz

    de juntarlo, ontolgicamente. En el quilombo argentino, excluidos e

    incluidos no se encontraron a partir de una improbable alianza tctica

    entre las clases medias y el proletariado de las periferias, pero s en

    tanto ellos formaban las dos caras de una misma composicin tcnica

    del trabajo: la del trabajo inmaterial. Para el capital, la reproduccindel comando tiene como condicin necesaria la de movilizar, sin reco-

    nocerlo, ese nuevo tipo de trabajo. Flexibilizacin y desempleo apare-

    cen como las dos caras de un modo de control del trabajo que pasa

    esencialmente por las tcnicas administrativas de multiplicacin de los

    estatutos de mano de obra y, ms en general, de las condiciones en

    las cuales se tiene derecho a los derechos.

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    En el quilombo argentino no hubo ninguna alianza, ni fragmenta-

    cin social, sino que una nueva figura de clases protagoniz el movi-

    miento de los argentinos: la multitud. Es en este sentido que la multi-

    tud es un con-[63]cepto de clase. Ella es siempre productiva y en movi-

    miento. Considerada desde un punto de vista temporal, la multitud es

    explotada en la produccin; desde un punto de vista espacial, ella es

    an explotada en tanto que constituye sociedad productiva, coopera-

    cin social para la produccin. El concepto de clase de multitud debe

    ser considerado de manera diferente del concepto de clase obrera.

    En efecto, el concepto de clase obrera es un concepto limitado,

    tanto desde el punto de vista de la produccin (porque esencialmente

    incluye a los trabajadores de la industria) como desde el punto de vista

    de la cooperacin social (comprende apenas una pequea cantidad de

    trabajadores que operan en el conjunto de la produccin social). Si co-

    locamos la multitud como un concepto de clases, la nocin de explota-cin ser definida como explotacin de la cooperacin: cooperacin no

    de los individuos sino de las singularidades, explotacin del conjunto

    de las singularidades, de las redes que componen el conjunto y del con-

    junto que envuelve las redes, etctera.

    El tercer elemento constitutivo del quilombo argentino tiene que

    ver con el hecho de que las nuevas dimensiones ontolgicas de la pro-

    duccin, el trabajo y la poltica de la multitud tienden a coincidir. Or-

    ganizar la lucha y organizar la produccin, fenomenologa de las luchas

    y ontologa del trabajo tienden a ser exactamente la misma cosa: resis-

    tir yproducir.

    Es lo que afirmaban los jvenes del Afro Reggae, intentando or-

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    ganizar la resistencia de los negros en las favelas de Ro de Janeiro por

    medio de la produccin de estilos y formas de vida. La multitud apare-

    ce como concepto de una potencia: ella es la condicin de la nueva [64]

    potencia productiva basada en la produccin de ms ser. Esa poten-

    cia no quiere solamente expandirse, ella pretende sobre todo construir

    un cuerpo: el elemento constitutivo de la multitud es la carne en el sen-

    tido de MerleauPonty: una cosa general, un tipo de principio encar-

    nado que implica un estilo de ser en cada lugar donde se encuentra un

    terreno propio.

    La carne es en ese sentido un elemento de ser,8 la sustancia viva

    y comn en la cual cuerpo e intelecto coinciden. La carne de la multi-

    tud quiere transformarse en cuerpo del General Intellect. Las tentati-

    vas neoliberales de suscitar la dislocacin ontolgica del trabajo (del

    trabajo fordista e industrial al trabajo posfordista basado en la masifi-

    cacin de la intelectualidad y en la centralidad del trabajo vivo) se to-paran inevitablemente, por un lado, con la incapacidad del mercado

    de dar cuenta de las dimensiones cooperativas y lingsticas del trabajo

    inmaterial, y, por otro, con la reduccin de la singularidad del trabajo

    vivo operada por los propios procesos de fragmentacin y exclusin

    del cuerpo social, o sea, por la reiterada tentativa de mensurar (unificar

    y homologar dentro de cada fragmento) lo que debe ser inconmensu-rable (la multiplicacin del conjunto).

    Si en los puntos ms avanzados de las luchas contra el trabajo

    asalariado el neoliberalismo consigui interpretar el cambio ontolgico

    8 M. Merleau Ponty, Le Visible et linvisible, Pars, Gallimard, 1964, p. 184. [Ed.

    cast.: Lo visible y lo invisible,Barcelona, Seix Barral, 1970.]

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    del trabajo, en los pases en vas de desarrollo sus instrumentos se tor-

    naron completamente ineficaces. En la Argentina, esa voluntad de

    transformar la carne de la multitud en intelectualidad [65] de masa se

    constituye en el movimiento que estall los das 19 y 20 de diciembre

    de 2001, retomando y actualizando la larga trama de la genealoga de la

    multitud, o sea, la trama de las luchas de la clase obrera que disol-

    vieron las formas de disciplina social de la modernidad.

    La poltica de la multitud es constitutiva del trabajo de la multi-

    tud y viceversa, definitivamente fuera de la dialctica capital/trabajocuya sntesis es siempre el desarrollo del capital. En efecto, el poder no

    puede hacer absolutamente nada, pues las categoras que interesan al

    poder fueron sobrepa