4-Guardia de Honor

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    ptulo 1da para ser hroes

    Entre los remolinos del ro y las rfagas del viento, que mis pecados se conviertan en virtudes .

    Catecismo de Hagia, libro 1, cap. 3, vers. XXXI

    aban ahorcado al rey con alambre de espino en una plaza de la ciudad al norte del ro.a llamaban plaza de la Sublime Tranquilidad y era una superficie de ocho hectreas de basalto rosado abrasada por el sol y rodeada de los elegantes muros de mosrsitariat Doctrinus. Nada que se pareciera a una sublime tranquilidad haba sucedido all en los diez ltimos das. Los Peregrinos del Pater se haban ocupado de ello.bram Gaunt proyectaba sobre las losas una sombra de contornos ntidos, en forma de murcilago, mientras corra en busca de una nueva proteccin con su chaquetado al viento. El sol estaba en el cnit y un resplandor implacable calcinaba el duro suelo. Gaunt saba que el sol, sin duda, estara quemando tambin su piel, pero lo era el viento fresco y ensordecedor que barra la extensa plaza.ncontr refugio tras un transporte Chimera de tropas volcado y quemado y sustituy el cargador vaco de su pistola bolter con un movimiento de la mano enguantada.

    A lo lejos oy una especie de detonacin y sobre el blindaje chamuscado del Chimera aparecieron unas melladuras metlicas. Disparos distantes cuyo sonido

    rado por el viento.Muy atrs, al otro lado de las piedras calcinadas de la plaza, pudo ver a los hombres de la Guardia Imperial, con sus negros uniformes, que se desplegaban con grnindose a seguirlo.ran sus hombres, soldados de los Primeros de Tanith. Gaunt vio cmo se dispersaban y volvi a mirar al rey, al gran rey que haba sido, por cierto. Se pregunt otra ve

    mbre.Descompuesto, hinchado, humillado, el noble cuerpo colgaba de una horca formada por tirantes y ejes de camin oxidados y ya no poda responderle. Los miem

    dos de su corte y de su familia se balanceaban junto a l.Ms detonaciones. Una profunda melladura apareci en el duro metal junto a la cabeza de Gaunt. El impacto lanz al aire restos de pintura.Mkoll se puso a cubierto junto a l empuando su rifle lser.Le ha llevado su tiempo dijo Gaunt bromeando.Ja! Lo que pasa es que lo entren demasiado bien, coronel-comisario.ntercambiaron una sonrisa burlona.Otros soldados se unieron a ellos tras cruzar corriendo la plaza. Uno se sacudi y cay a medio camino. Su cuerpo quedara all, tirado a la intemperie y sin que nadie e, por lo menos durante una hora ms.arkin, Caffran, Lillo, Vamberfeld y Derin consiguieron ponerse a cubierto. Los cinco se deslizaron hasta colocarse junto al jefe de los Fantasmas y a Mkoll, comaradores del regimiento.

    Gaunt intent ver lo que haba al otro lado del Chimera.

    Volvi a refugiarse detrs del vehculo cuando las armas lejanas descargaron de nuevo sus proyectiles a su alrededor.Cuatro tiradores. En la esquina noroccidental.Mkoll sonri y sacudi la cabeza, como un padre que amonesta a su hijo.Por lo menos nueve. No ha atendido a nada de lo que le ense, Gaunt?arkin, Derin y Caffran rieron. Todos ellos eran Tanith, genuinos Fantasmas, veteranos.illo y Vamberfeld observaron con extraeza esa aparente falta de respeto. Eran hombres de la Colmena Vervun, recin incorporados al regimiento de los Fantasmas. maban sangre fresca en sus mejores momentos, y mamarrachos cuando lo que pensaban en el fondo era carne de can, si tenan un da especialmente cruelos nuevos reclutas de la Colmena Vervun llevaban los mismos uniformes negro mate de faena y la misma armadura que los Tanith, pero el color de su piel y su nciaban claramente.ambin se distinguan por sus rifles lser de reciente fabricacin y culata de metal y por las insignias de plata especiales, en forma de hacha-rastrillo, que lucan en eme.

    No se preocupen dijo Gaunt al notar sus sonrisas inquietas. Mkoll suele estirar el pie ms de lo que da la manta. Ya lo pondr en su sitio cuando hayamos terminMs detonaciones y ms melladuras.arkin busc un lugar desde donde echar un vistazo y apoy con experimentada soltura su arma de francotirador, acabada en madera de nal, en una abertura del mje. Era el mejor tirador del regimiento.

    Puede hacer blanco? pregunt Gaunt.Puede apostar que s asegur el hombre de pelo entrecano colocando su arma en la posicin ptima con la suavidad propia de un amante.Entonces vuleles la maldita cabeza, por favor.Eso est hecho.Cmo... cmo puede ver? pregunt Lillo asomndose con expresin incrdula. Caffran tir de l hacia abajo salvndolo de la muerte por los pelos, ya que en aqu

    taron varios disparos lser donde l haba estado haca un segundo.Tiene la mirada ms aguda de todos los Fantasmas sonri Caffran.illo le respondi con un gesto afirmativo, pero no le gust el aire de superioridad del Tanith. Al fin y al cabo l era Marco Lillo, soldado de carrera, veintin aos erio, y aqu lo trataban como a un muchacho, de apenas veinte aos, y todos lo mandaban.illo se volvi y apunt con su rifle lser.

    Quiero al rey, al gran rey, sea cual sea su nombre dijo Gaunt en voz baja mientras pasaba distradamente el dedo por una antigua cicatriz que tena en la palma de lo que lo bajen de ah. No est bien que se pudra ah arriba.

    De acuerdo concedi Mkoll.illo crey que tena un blanco y dispar una rfaga cerrada hacia el otro extremo de la plaza. Las ventanas enrejadas del lateral del Universitariat explotaron hacia el intrte brisa amortigu el ruido de los impactos.

    Gaunt ech mano del arma de Lillo y lo arrastr hacia abajo.No malgaste municin, Marco dijo.Sabe mi nombre! Sabe mi nombre! Lillo estaba casi fuera de s. Mir a Gaunt disfrutando plenamente de aquel reconocimiento. Ibram Gaunt era como un dios a

    llevado a la Colmena Vervun a la victoria diez meses atrs, librndola de una derrota segura. Como prueba de ello llevaba la espada.illo contempl al coronel-comisario: su alta estatura y su fuerte constitucin, el pelo rubio muy corto medio oculto por la gorra de comisario, los rasgos enjutos demente que tan bien se correspondan con su nombre. Gaunt llevaba el uniforme negro de su cuerpo y encima la chaqueta de cuero de faena y la capa de camterizaba a los Tanith. Tal vez no fuera un dios ya que al fin y al cabo era de carne y hueso, pens Li llo... pero segua siendo un hroe.arkin estaba disparando. Su rifle haca un ruido chirriante.a frecuencia de los disparos que les pasaban rozando la cabeza se redujo.

    A qu estamos esperando? pregunt Vamberfeld.Mkoll lo cogi de la manga y seal con la cabeza al edificio que tenan detrs.Vamberfeld vio a un hombrn... un verdadero gigante... que se asom desde el refugio y dispar un lanzamisiles.

    l misil serpenteante, con su estela de humo, hizo impacto en una comisa del extremo occidental de la plaza.Prueba otra vez, Bragg! dijeron a coro rindose Derin, Mkoll y Larkin.Otro misil se elev por encima de ellos y vol la esquina opuesta de la plaza. Las piedras fragmentadas se esparcieron por la zona.Gaunt ya estaba de pie y corra, lo mismo que Mkoll, Caffran y Derin. Larkin segua disparando sus certeros proyectiles desde su refugio.Vamberfeld y Lillo salieron detrs de los Tanith.illo vio que Derin se tambaleaba y caa al ser alcanzado por un disparo de lser.e detuvo y trat de ayudarlo. El soldado de Tanith tena el pecho convertido en una masa sanguinolenta y sufra convulsiones. Lillo no poda llevarlo l solo. Mkoll aparedo Lillo y entre los dos arrastraron a Derin, ponindolo a cubierto tras el improvisado cadalso, entre la lluvia de disparos de lser que seguan rebotando en las losas d

    Gaunt, Caffran y Vamberfeld consiguieron llegar a la otra esquina de la plaza.Gaunt desapareci por el agujero que haba abierto el misil de Bragg, esgrimiendo su zumbante espada de energa. Era el arma ceremonial de Heironymo Sondar, antiColmena Vervun, y Gaunt la llevaba ahora como honrosa distincin por su valiente defensa de la Colmena.

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    a penetrante hoja de color azul elctrico relumbraba al descargarse sobre las formas que haba dentro de la cavidad.Caffran se introdujo detrs de l disparando desde la altura de la cadera. Pocos Fantasmas lo superaban en el arte del asalto. Era rpido e implacable.e cubra las espaldas a Gaunt con su arma resplandeciente.iceg Vamberfeld haba sido empleado comercial all en Verghast antes del Acta de Consolacin. Haba pasado por una instruccin dura y eficaz, pero todo esto era nui a los otros dos, sumergindose de repente en un lgubre mundo de sombras y de llameantes armas de energa.

    Dispar a quemarropa contra algo nada ms atravesar la abertura. Otra sombra se abalanz sobre l con una carcajada y Vamberfeld le clav la bayoneta. Ya no pario-coronel ni al joven soldado Tanith. En realidad no consegua ver una maldita cosa. El pnico empez a apoderarse de l. Algo le dispar de cerca y un proyecrozando el odo.

    Volvi a disparar, cegado por la luz del lser y oy el ruido de un cuerpo al desplomarse.Algo lo cogi por detrs.

    ubo un impacto y una nube de polvo y sangre. Vamberfeld cay torpemente con un cadver encima. De cara contra la ardiente suciedad, Vamberfeld fue recuperandocontr rodeado por una luz azulada.

    Con la espada de energa humeante, Ibram Gaunt le tendi la mano y lo ayud a levantarse.Buen trabajo, Vamberfeld. Hemos tomado la brecha di jo.Vamberfeld estaba mudo de asombro... y adems cubierto de sangre.Mantenga la calma le aconsej Gaunt. Esto va mejorando...

    staban en un claustro o en una galera, o al menos eso le pareci al deslumbrado verghastista. Chorros de luz se introducan por las complejas celosas de piedra calizones de las ventanas principales estaban protegidas con paneles de madera en forma de ornamentados mosaicos. El aire era seco e inerte y estaba cargado con ales de los disparos de lser, de fycelina y de sangre fresca.

    Vamberfeld poda ver a Gaunt y a Caffran que se movan delante de l. Caffran iba examinando las paredes del claustro buscando posibles blancos mientras Gaunt revigos muertos.os muertos. Los temidos infardi.

    Despus de conquistar Hagia, las fuerzas del Caos haban adoptado el nombre de infardi que significaba peregrinos en la lengua del lugar, y cambiaron tambin susros de seda verde que imitaban las tnicas de seda verde del santuario. El nombre tambin era una burla ya que al elegir un nombre en la lengua local, el enemigo maad del lugar. Durante seis mil aos, ste haba sido el santuario de Santa Sabbat, una de las ms veneradas entre los santos imperiales y a la cual deban su nombr y esta cruzada imperial. Al apoderarse de Hagia y proclamarse peregrinos, los elementos del Caos cometan el acto ms execrable de cuantos podan cometerse. Erar en los ritos profanos que habran celebrado aqu, en los lugares santos de Hagia.Vamberfeld haba aprendido todo lo relativo al Pater Pecado y su escoria del Caos en las reuniones informativas del regimiento celebradas en la nave de transporte, ra cosa. Mir el cadver ms prximo: un hombre corpulento, nudoso, vestido de seda verde. Sus vestiduras desgarradas dejaban ver una intrincada red de tatuajes:nta Sabbat en grotesca reunin con lascivos demonios, imgenes del infierno, runas del Caos que se superponan y profanaban los smbolos sagrados.inti que se le iba la cabeza. A pesar de los meses de entrenamiento a que lo haban sometido despus de unirse a los Fantasmas, todava no estaba en form

    eado de oficina que jugaba a ser soldado.u pnico se hizo ms intenso.

    De repente, Caffran haba empezado a disparar otra vez rasgando la oscuridad con sus fogonazos. Vamberfeld no consegua ver a Gaunt. Se ech cuerpo a tierra y pomo le haba enseado el coronel Corbec durante la instruccin fundamental y preparatoria. Sus disparos empezaron a recorrer la columnata por delante de Caffran, vas del joven Tanith.

    A lo lejos, un grupo de figuras verde reluciente atravesaron rpidamente el claustro disparando rifles lser y armas automticas contra ellos. Vamberfeld tambin poos.

    Cay en la cuenta de que cnticos no era la palabra precisa. Mientras se acercaban, las figuras murmuraban, musitaban frases largas y complejas que se supeazaban. Sinti que un sudor fro le recorra por la espalda. Volvi a disparar. stos eran soldados infardi, la elite de Pater Pecado. Implor la proteccin del Emperada metido en esto hasta el cuello.

    Gaunt puso rodilla en tierra a su lado, apunt y dispar la pistola bolter que sujetaba con las dos manos. El tro de armas imperiales empez a contrarrestar el avanceestrecho espacio.ubo un fogonazo y un bramido sordo, y a continuacin, una luz se proyect de lado sobre los infardi. Tras abrir otra brecha en el claustro, entraron ms Fantaszaron a disparar al enemigo.

    Gaunt se puso de pie. Ahora la lucha frente a l era espordica. Conect su intercomunicador.e produjo un chasquido de esttica que Vamberfeld oy en sus propios auriculares.

    Uno, aqu tres. Despejando el espacio. Una pausa, ruido de disparos. Confirmo que est despejado.Aqu uno, tres. Buen trabajo, Rawne. Despliguense hacia el interior y aseguren el recinto del Universitariat.Tres, recibido.

    Gaunt mir a Vamberfeld que segua en el suelo.Ya puede levantarse le dijo Mareado, con el corazn salindose del pecho, Vamberfelt estuvo a punto de desplomarse al salir al sol y al viento de la plaza. Pensayarse o, peor an, a vomitar. Se qued con la espalda apoyada en la piedra caliente del claustro y respir hondo, dndose cuenta de lo fra que estaba su piel.rat de encontrar algo en que fijar su atencin. Por encima de la estupa y las cpulas doradas del Universitariat, miles de banderas, penachos y banderolas flameabaneterno viento de Hagia. Segn le haban dicho, los fieles las ponan porque crean que inscribiendo sus pecados en ellas, el viento se los llevara y quedaran absueltorosas..., de tantos colores, formas, diseos...

    Vamberfeld apart la mirada.a plaza de la Sublime Tranquilidad estaba ahora llena de Fantasmas que avanzaban, cien o ms, desplegndose por las losas rosadas, comprobando las puertas y la

    ustro. Un gran grupo se haba reunido en tomo a la horca donde Mkoll estaba descolgando los cadveres.Vamberfeld se dej resbalar por la pared hasta quedar sentado sobre las losas de piedra de la plaza. Empez a temblar.

    odava segua temblando cuando lo encontraron los mdicos.Mkoll, Lillo y Larkin estaban descolgando el maltratado cadver del rey cuando Gaunt se acerc. El coronel-comisario mir con consternacin los restos torturados. Habones en Hagia, un mundo feudal controlado por ciudades-estado en nombre del Dios-Emperador, donde cada ciudad tena su rey. Pero el rey de Doctrinpolis, la primegia, era el ms eminente, lo ms parecido que tena Hagia a un seor planetario, y ver al funcionario de ms rango del Imperio tan gravemente desfigurado ofenda el c.

    Infareem Infardus musit Gaunt al recordar por fin el nombre del rey que figuraba en sus placas de informacin. Se quit la gorra e hizo una reverencia. Qurador le conceda descanso eterno.

    Qu hacemos con ellos, seor? pregunt Mkoll indicando con un gesto los maltrechos cadveres.Lo que indiquen las costumbres locales respondi Gaunt mirando en derredor Soldado! Venga aqu!

    l soldado Brin Milo, el ms joven de los Fantasmas, fue corriendo al or la llamada de su comandante. Milo haba sido el nico civil salvado de morir en Tanith, salvo Gaunt. Haba servido como asistente de Gaunt hasta que tuvo edad para ser soldado. Todos los Fantasmas respetaban su estrecha relacin con el coronel-comisariue era un soldado raso, Milo gozaba de una consideracin especial.ersonalmente, Milo odiaba que los dems lo consideraran como su mascota.

    Seor?Quiero que encuentres a algn responsable local, un sacerdote, si puede ser, y que averiges qu tratamiento quiere que se les d a estos cadveres. Quiero que

    las costumbres locales, Brin.Milo asinti y salud.Me ocupar de ello, seor.Gaunt se dio la vuelta. Ms all del majestuoso Universitariat y los tejados abigarrados de Doctrinpolis, se elevaba la Ciudadela, un enorme palacio de mrmol baba una alta meseta de roca. Pater Pecado, la inteligencia demonaca que rega los destinos del ejrcito de herejes en este mundo, estaba por all. La Ciudadela era evo, pero llegar a ella podra resultar una labor lenta y sangrienta para las fuerzas imperiales que iban avanzando por Doctrinpolis calle a calle.

    Gaunt llam a su oficial de radio, Raglon, y le orden que estableciese contactos con el segundo y el tercer frente. Raglon acababa de establecer contacto con el corondante de los Centenarios Brevianos, que estaba en el punto de ataque del tercer frente, abrindose camino a travs del norte de la ciudad, cuando oyeron nuevo

    nientes del Universitariat. La unidad de Rawne combata otra vez con el enemigo.Cuatro kilmetros al este, en las estrechas calles del barrio conocido como la Ciudad Vieja, el segundo frente de los Tanith estaba absolutamente rodeado. La Ciudadmadriguera de labernticas callejuelas que se abran camino entre edificios altos, vacilantes, que servan de enlace entre pequeos centros comerciales y grandes mer

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    nmero de infardi, expulsados de las defensas sobre el ro sagrado por el impulso inicial de las fuerzas armadas imperiales, haban venido a parar aqu.Ganar terreno era una ardua tarea, casa por casa, edificio por edificio, calle por calle, pero los Fantasmas de Tanith, maestros en el arte del sigilo, dominaban la lucha c

    l coronel Colm Corbec, segundo oficial al mando de los Fantasmas, era un hombrn desgreado, enorme y ocurrente, al que sus hombres adoraban. Su buen humor, ona en todo, los impulsaba a seguir adelante; su fortaleza y autoridad los inspiraban. Ejerca el mando por puro carisma, incluso tal vez ms que el propioablemente ms que el mayor Rawne, tercer oficial del regimiento, famoso por su implacable y cnica eficiencia.

    Ahora mismo, el carismtico liderazgo de Corbec no le serva de mucho. Acorralado por el fuego sostenido de las armas lser en un abrevadero que haba a la vna de la calle, no haca ms que blasfemar. El sistema intercomunicador de que estaban provistos los hombres de la Guardia estaba bloqueado y el sonidsionado por los altos edificios circundantes.

    Dos! Aqu, dos! Respondan, cualquier unidad! ruga Corbec manipulando su audfono cubierto de goma. Adelante! Adelante!na rfaga de lser sacudi el abrevadero haciendo saltar por los aires esquirlas de piedra caliza. Corbec volvi a ponerse a cubierto.

    Dos! Aqu, dos! Vamos!Corbec tena la cabeza pegada a la base del abrevadero. Le llegaba el olor a piedra hmeda y poda ver ntidamente, a escasos centmetros de sus ojos, unas diminutndo de sus telas transparentes en forma de cono, pegadas a los bajorrelieves de las paredes.enta que la piedra caliente se estremeca contra su mejilla cuando los disparos lser impactaban al otro lado.u microtelfono farfull algo, pero la transmisin qued ahogada por el ruido de un cazo metlico y dos jarras de barro que cayeron del borde del abrevadero.

    Repitan! Repitan otra vez!

    jefe, nosotros...Otra vez! Aqu dos! Repitan!... hacia el oeste, nosotros...Corbec lanz una pintoresca blasfemia y se arranc el auricular. Se arriesg a asomarse por el borde del abrevadero y retrocedi de inmediato. Una descarga de lsedo y explot contra la pared que tena a sus espaldas. De no haberse movido, le habra arrancado la cabeza.e arrastr hacia atrs con la espalda pegada al abrevadero y comprob la carga de su lser. En la recmara curva de su arma con empuadura de madera apenas qude la carga, de modo que la desech y coloc una nueva. El bolsillo derecho de su armadura pectoral estaba lleno de cargadores a medio usar. Siempre los cambiabrga completa cuando tena ocasin. Los de media carga los conservaba para resistir en la trinchera. Ms de un soldado haba muerto por agotrsele el cargador en mecruzado cuando no haba tiempo para recargar.e oy una fuerte detonacin enfrente. Corbec se dio la vuelta al notar un cambio en el estruendo de los disparos. El sonido seco de las armas infardi llegaba ahoraruido ms penetrante y agudo de los rifles imperiales.ac la cabeza por encima de su parapeto, y al ver que no se la haban arrancado, se puso de pie y corri por el estrecho callejn.or delante de l se combata. Salt por encima del cuerpo de un infardi atravesado en una puerta. La calle era estrecha y sinuosa y estaba bordeada a uno y otro lados. Avanz rpidamente entre las sombras y los parches de luz.ali justo detrs de tres Fantasmas que disparaban desde su refugio al otro lado de un mercado. Uno de ellos era un hombre corpulento al que reconoci de inmediaa de espaldas.

    Kolea!

    l sargento Gol Kolea era un ex minero que haba luchado en la Colmena Vervun en una de las compaas improvisadas en que se haba organizado la resistencia. Ni us curtido en el combate de los Tanith, senta nada que no fuera respeto por este hombre y por su abnegada determinacin. Los verghastitas prcticamente le rendanante de expresin cansada y tranquila, casi tan corpulento como el propio Corbec.l coronel se puso a cubierto a su lado.

    Qu hay de nuevo, sargento? pregunt Corbec con una mueca, superando con su voz el ruido de las armas.Nada respondi Kolea. Corbec senta por l una enorme simpata, pero tena que admitir que el ex minero no tena sentido del humor. En los meses transcurridos d

    evos reclutas se haban unido a los Fantasmas, Corbec no haba conseguido mantener con Kolea una conversacin intrascendente ni una charla personal, y estaba ce a los dems les pasaba lo mismo. Claro que en la batalla de la Colmena Vervun haba perdido a su mujer y a sus hijos, de modo que no le deban quedar muchasni de hablar.

    Kolea seal los cajones de mercanca medio podrida que les servan de parapeto.Estamos acorralados aqu. Tienen tomados los edificios del otro lado del mercado y de la parte oeste de la calle.Como para confirmar sus palabras, una rfaga de disparos lser barri de lado a lado su posicin.Maldita sea musit Corbec. Ese lugar est plagado de ellos.Creo que es el edificio del gremio de mercaderes. Estn en el cuarto piso y son muchos.O sea que no podemos avanzar observ Corbec atusndose el bigote. Y por los lados?Yo ya lo intent intervino el cabo Meryn, otro de los Fantasmas all parapetados. Me arrastr hacia la izquierda para buscar un callejn.Resultado?

    Casi me vuelan el culo.Gracias por intentarlo dijo Corbec con un gesto de aprobacin.Con una risita, Meryn volvi a dedicarse a disparar.Corbec avanz a gatas por el refugio pasando por donde estaba el tercer Fantasma, Wheln, y se parapet bajo una carretilla metlica de las que usaban los trabajaado. Ech una mirada rpida a un lado y al otro. Donde l se encontraba, Kolea, Meryn y Wheln tenan cubierto el extremo del callejn, y otros tres escuadrones de Fann apostado en los pisos bajos de los locales de ambos lados desde donde disparaban. A travs de una ventana destrozada, vio al sargento Bray y a otros varios.n el lado opuesto, una avanzadilla de soldados infardi se haba adueado de toda la manzana. Corbec estudi la zona a conciencia para hacerse cargo de todos los

    pre haba sostenido que las guerras se ganan antes con cerebros que con bombas. Claro que tambin crea que, llegada la ocasin, no estaba de ms dejarse la piel lEres un hombre complejo, le haba dicho una vez el sargento Vari. Por supuesto, haban estado de juerga y los dos se haban puesto ciegos de sacra. El recuerdo hizCorbec.

    Agachando la cabeza, Corbec lleg en una carrera hasta el edificio vecino, la tienda de un alfarero. Haba fragmentos de porcelana y de cermica por todo el suelo, tafuera. Hizo una pausa cerca del agujero abierto por una granada en la pared lateral.

    Eh, los de dentro! Soy Corbec! grit. Voy a entrar, no me cosis a tiros!e desliz al interior.n la vieja tienda estaban parapetados soldados como Rilke, Yael y Leyr que disparaban a travs de las persianas bajadas de las ventanas. A Corbec le dio la impresilosas tenan un milln de agujeros y que por cada uno de ellos entraba un rayo de luz cargado del humo que poblaba el denso aire del local.

    Os lo pasis bien, muchachos? pregunt Corbec. Hubo varios comentarios en voz baja sobre las lascivas inclinaciones de su madre y de algunas otras mujea.Me alegra ver que mantenis el buen humor replic mientras pisoteaba los trozos de vasijas que cubran el suelo.Por Feth, jefe, qu demonios est haciendo? pregunt Yael, un joven de apenas veintids aos con la inclinacin a la rebelda propia de su edad. A Corbec leo esa forma de ser.

    Usando la cabeza, hijo sonri Corbec mientras sealaba su enorme bota de campaa y volva a aporrear el suelo con ella.Corbec limpi una parte del suelo de los restos de cermica y abri una trampilla tirando de una argolla de metal.Un stano anunci entre las sordas exclamaciones de los otros tres.Dej caer la trampilla de golpe y se acerc a gatas a la ventana.Pensad un poco, mis valientes garaones Tanith. Echad un vistazo ah fuera.Obedecindole, echaron una mirada a travs de las destrozadas lamas de la persiana.El mercado est elevado... como en una plataforma. Veis all, junto a aquella pila de contenedores? Tiene que haber una trampilla. Os apuesto lo que queris a qnto de stanos destinados a almacn debajo de todo el mercado... y probablemente tambin debajo del ayuntamiento.

    Y yo a que har que nos maten a todos antes de medioda gru Leyr, un veterano de treinta y cinco aos, mal encarado, de la milicia de Tanith Magna.Acaso he hecho que os maten alguna vez? pregunt Corbec.sa no es la cuestin...Entonces cierra la boca y escucha. Vamos a estar aqu hasta el da del juicio final si no conseguimos salir de este punto muerto. Hagamos las cosas bien. Pensemos

    a de ciudad fue construida hace miles de aos y est llena de pasadizos subterrneos y catacumbas.Conect su intercomunicador y ajust el brazo flexible del micrfono para acercarlo a sus labios.Aqu dos. Me oye, seis?

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    ptulo 2s sirvientes de los muertos

    Que el cielo os d la bienvenida, porque en l tienen su morada el Emperador y sus santos.

    Santa Sabbat, Proverbios

    rin Milo, con el rifle lser colgado al hombro apuntando hacia abajo, se abri camino a travs del trfico que llegaba a la plaza desde el sur. Destacamentos de Tanithmecanizado del Octavo Acorazado Pardus afluan al distrito del Universitariat desde las zonas de combate sudoccidentales acudiendo en apoyo del ataque del comisugiaba en los portales para dejar paso a los transportes de tropas y se haca a un lado para no chocar con los pelotones que marchaban de cuatro en cuatro.us amigos y camaradas lo saludaban a su paso, y algunos incluso rompan el paso para hacerle preguntas sobre el frente. La mayor parte estaba cubierta de polvo pero en general la moral era alta. Haban mantenido una lucha intensa durante las dos semanas anteriores, pero las fuerzas imperiales haban ganado mucho terreno

    Eh, Brinny, chico! Qu nos espera ah delante? grit el sargento Val mientras el pelotn que lo acompaaba reduca la marcha formando un grupo apretado que e.

    Poca cosa, el comisario lo ha despejado. Sin embargo, creo que el Universitariat est erizado de ellos. Rawne ha conseguido entrar.

    Vari asinti, pero las preguntas de algunos de sus hombres quedaron ahogadas por el sonido de una bocina.Vamos, despejen el camino! grit un oficial Pardus sacando el cuerpo por la escotilla de su vehculo de mando Salamandra. Una fila de tanques lanzallamas ormas de asedio artilladas se amontonaba detrs de l. Sonaron ms bocinas y los motores rugientes levantaron nubes de polvo rosado en el aire de la estrecha calle

    Vamos!Est bien, maldita sea! respondi Vari indicando a sus hombres que se pegaran a la pared. Los vehculos Pardus pasaron con gran estrpito.Tratar de dejar algo de gloria para ti, Vari! grit el oficial de la unidad blindada, de pie en la parte trasera de su traqueteante vehculo y haciendo al pasar un saludEn un minuto vamos a rescatarte, Horkan! replic Vari mostrndole un dedo como respuesta al saludo, gesto que imitaron de inmediato todos los Tanith de su pelo

    rin Milo sonri. Los Pardus eran buena gente, y estos intercambios eran slo una muestra del buen humor con el que ellos y los Tanith cooperaban en este avance.Detrs de los blindados ligeros venan los Troyanos y otras unidades de tractores arrastrando pesadas cargas de municiones y artillera de campaa, luego los Tanith e

    llas sacadas de las tejeduras. Las llevaban cargadas de cajas de municin y bidones de promethium para los lanzallamas. Llamaron a los hombres de Vari para quentar una carretilla que se haba atascado en una boca de alcantarilla y Milo sigui su camino.

    Avanzando en contra de la corriente de hombres y municiones, el joven soldado lleg al arco del gran puente de piedra roja que cruzaba el ro. Boquetes abiertos por lauraban su superficie, y zapadores del regimiento Pardus estaban suspendidos a ambos lados reparando la estructura y buscando explosivos. En esta parte de Doctrcurra por una profunda obra de canalizacin cuyos lados estaban formados por las paredes baslticas del ro y por los muros de los edificios. Las tranquilas aguas e

    verde intenso, ms oscuro que los uniformes de los infardi. Milo haba odo que era un ro sagrado.Milo sigui las instrucciones del cabo Tanith que diriga el trfico en el cruce y abandon la va principal bajando unos escalones que lo llevaron hasta un sendero que

    del ro pasando por debajo del propio puente. El agua lama la piedra tres metros ms abajo y reflejaba la superficie del fondo del puente en forma de ondulaciones bl

    igui andando junto a la pared hasta una arcada que dominaba las aguas. Era el lugar donde el ro entraba en uno de los santuarios menores, y por sus inmbulaban algunos habitantes locales de aspecto cansado y hambriento.os mdicos y sacerdotes locales haban transformado el santuario en un hospital improvisado en los primeros momentos del asalto, y ahora, siguiendo las rdenes denal mdico imperial se haba hecho cargo de l.

    All trataban por igual a soldados y civiles.Lesp? Dnde est el doctor? pregunt Milo entrando en la penumbra iluminada por una lmpara, donde el enfermero Tanith estaba cosiendo una herida e

    udo de un soldado Pardus.All al fondo respondi Lesp enjugando la herida suturada con una venda empapada en alcohol. Continuamente llegaban grupos con camillas, en su mayora os, y el santuario largo y abovedado can se iba llenando. Lesp pareca abrumado.Doctor? Doctor? llam Milo. Vio a sacerdotes hagianos y voluntarios vestidos con tnicas color crema que trabajaban codo con codo con el personal mdic

    ndose a los ri tos y costumbres peculiares de su pueblo. Capellanes del ejrcito pertenecientes a la Eclesiarqua atendan a las necesidades de los imperiales ultramunQuin pide un mdico? pregunt una mujer. Se puso de pie y alis su bata roja descolorida.Yo dijo Milo. Estaba buscando a Dorden.Est en el campo. En la Ciudad Vieja le explic la cirujana Ana Curth. Estoy a cargo de esto.Curth era una verghastita que se haba unido a los Tanith junto con los soldados de la Colmena Vervun en el Acta de Consolacin. Se haba dedicado a tratar eficazmatismos durante el asedio de la Colmena, y el jefe mdico Dorden haba quedado gratamente sorprendido por su decisin de unirse a ellos.

    Puedo servirle en algo? pregunt.Me enva el comisario respondi Milo con una inclinacin de cabeza. Han encontrado... baj la voz y condujo a la doctora a un rincn apartado. Han encnante local. Un rey segn creo. Est muerto y Gaunt quiere que su cadver reciba un tratamiento acorde con las costumbres locales. Que se lo trate con el respetoo y todas esas cosas.

    No es precisamente mi especialidad dijo Curth.No, pero supuse que usted o el doctor podran conocer a algunos sacerdotes del lugar.Curth se apart el flequillo de los ojos y lo condujo por entre la gente que llenaba la enfermera hasta donde se encontraba una chica hagiana, vestida con la tosca ta de los becarios, que estaba cambiando el vendaje de una garganta herida.Sanian? La chica levant la vista. Tena las facciones huesudas de los pobladores del lugar, ojos oscuros y unas cejas muy definidas. Llevaba el crneo rapado a de pelo negro brillante que sala de la parte posterior de la cabeza.S, cirujana Curth dijo con voz leve y musical.No es mayor que yo, pens Milo, pero con la cabeza afeitada no era fcil adivinar su edad.

    El soldado Milo ha sido enviado por nuestro oficial al mando para buscar a alguien con un buen conocimiento de las costumbres locales.Lo ayudar en lo que pueda.Dgale lo que necesita, Milo le indic Curth.Milo y la chica hagiana salieron del hospital a la implacable luz del sol que baaba la muralla del ro. Ella uni las manos y salud con ligeras reverencias al ro y al cielose hacia l.

    Es usted mdico? pregunt Milo.No.Entonces pertenece al sacerdocio?No, soy estudiante del Universitariat seal su trenza. Las trenzas indican nuestro rango en la sociedad. Nos llaman esholi.Qu asignatura estudia?Todas las asignaturas, por supuesto. Medicina, msica, astrografia, los textos sagrados... no es as en su mundo?Milo sacudi la cabeza.Yo no tengo mundo ahora. Pero cuando lo tena, los estudiantes de los niveles avanzados se especializaban en sus estudios.Qu raro...Y cuando haya terminado sus estudios, qu ttulo tendr?Ttulo? Lo mir con extraeza. El ttulo ya lo tengo. Soy una esholi. Los estudios duran toda la vida.Ah. Milo hizo una pausa. Una fila de Troyanos pas atronando el puente por encima de sus cabezas. Ver, tengo malas noticias. Su rey ha muerto.a hagiana se llev las manos a la boca e inclin la cabeza.

    Lo siento dijo Milo sintindose torpe. Mi comandante me envi para averiguar qu es lo adecuado en estos casos... para el tratamiento de sus restos.Tenemos que encontrar a los ayatani.Los qu?Los sacerdotes.

    na especie de aullido hizo que Rawne se diera la vuelta alarmado, pero slo era el viento.inti contra su cara el viento que barra las galeras y bvedas de piedra del Universitariat. Muchas ventanas haban volado a cauda de las explosiones y las paredeadas por las bombas, con lo cual el viento de Hagia entraba libremente.

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    e qued pensativo un momento, con su capa de camuflaje plegada sobre un hombro y el rifle cruzado sobre el abdomen con el can hacia abajo. Se qued mirando o saba a ciencia cierta a qu. Una gran estancia destruida y chamuscada, con los brazos ennegrecidos de los candelabros de fundicin pegados a las paredes araas aplastadas. Millones de fragmentos de cristal sembraban el suelo chamuscado en cuyos bordes se vean los restos de las alfombras quemadas. Ya no tena imal que estaba destinada esta estancia en el pasado. Estaba vaca y despejada. Eso era lo nico importante.

    Rawne volvi a salir a la galera. El viento aullaba a sus espaldas colndose por los boquetes abiertos por las bombas y por entre las vigas al aire.u pelotn de vanguardia avanzaba. Feygor, Bragg, Mkillian, Waed, Caffran... y las mujeres.l mayor Rawne todava no tena las cosas claras respecto a las mujeres. Haba un buen nmero de ellas, verghastitas que haban optado por unirse a los Fantasmas

    de Consolacin. Por Feth que saban luchar, eso estaba claro! Todas haban tenido su bautismo de fuego durante la guerra por la Colmena Vervun, trabajadoras y mbitculos que no haban tenido ms remedio que lanzarse a combatir.ero eran mujeres. Rawne haba tratado de hablar con Gaunt al respecto, pero el coronel-comisario se haba explayado sobre las diversas e ilustres unidades mi

    des femeninas en la historia de la guardia y bla, bla, bla, y Rawne se haba quedado igual que antes.o le interesaba la historia. Lo que a l le interesaba era el futuro y estar all para disfrutarlo.l hecho de tener mujeres en el regimiento aada tensin a la situacin. Ya empezaban a surgir problemas. Haba habido unas cuantas escaramuzas menores en las

    porte: hombres verghastitas empeados en proteger el honor de sus mujeres; hombres que se echaban encima de las mujeres; mujeres que tenan que sacarse de enres...ra un polvorn, y seguro que no se quedara en unos cuantos labios partidos y dientes rotos.

    De lo que se trataba realmente era de que Rawne nunca haba confiado demasiado en las mujeres, y que, sin duda, no haba confiado nunca en los hombres que siada confianza en las mujeres.Caffran, por ejemplo. Uno de los Fantasmas ms jvenes: fuerte, slido, un buen soldado. En Verghast se haba relacionado con una chica local y desde entoarables. Una pareja, puedes creerlo? Y Rawne saba de buena fuente que la chica tena un par de nios pequeos que eran atendidos entre los dems no combdores del campamento en las naves escolta del regimiento.a chica se llamaba Tona Criid, tena dieciocho aos y era delgada y de trato difcil. Llevaba el pelo decolorado y erizado y tatuajes pandilleros que hablaban de unao antes de la guerra de la Colmena Vervun. Rawne se qued observndola mientras avanzaba junto a Caffran por los maltrechos corredores del Universitariat, cubrotro, comprobando todas las puertas y huecos. El uniforme negro de los Fantasmas le quedaba bien. Era... atractiva.

    Rawne se volvi y se rasc detrs de la oreja. Estas mujeres iban a ser la desgracia de alguien.l pelotn de vanguardia sigui avanzando, pisando los cristales de las ventanas rotas que cubran el suelo de los salones vacos y sorteando los muebles destrozados.tr avanzando codo con codo con la otra mujer de su pelotn. Su nombre era Banda, antigua operada de las tejeduras de la Colmena Vervun que haba luchado en aa de la guerrilla al mando de Gol Kolea. Era vivaz, bromista e impetuosa. Llevaba el rizado pelo castao muy corto y tena una figura algo ms redondeada y femengil pandillera Criid.

    Rawne le hizo una indicacin con un gesto silencioso y ella le respondi con un asentimiento y un guio.Un guio!Nadie le guia el ojo a su oficial superior!

    Rawne estaba a punto de ordenar un alto y lanzarle a la cara una reprimenda cuando Waed hizo una seal.

    odos se pusieron a cubierto entre las sombras, apretndose contra las paredes de la galera. Estaban cerca de un recodo. Al frente haba una puerta cerrada de madeo, y un poco ms adelante, al otro lado del recodo, una arcada. La moqueta de los salones estaba arrugada, manchada y rgida por la sangre seca.

    Waed?Movimiento. En la arcada respondi Waed en un susurro.Feygor?

    l asistente de Rawne, el implacable Feygor, confirm con un movimiento de cabeza.Rawne transmiti algunas rdenes con una rpida sucesin de gestos. Feygor y Waed avanzaron, agachados y pegados a la pared de la derecha. Bragg se parapena y prepar su gran arma automtica. Banda y Mkillian se deslizaron por el lado izquierdo del corredor hasta ponerse a cubierto tras una otomana de madera macizaa la pared.Caffran y Criid se colgaron los rifles al hombro, sacaron sus pistolas lser de can corto y se dirigieron a la puerta roja. Si, tal como pareca, daba a la misma estana, esto podra ampliar su campo de friego. Una doble comprobacin era la forma de cubrirse las espaldas.ilencio absoluto. Todos ellos eran Fantasmas y se movan con el sigilo que les era habitual.

    Caffran puso su mano en el picaporte de la puerta y lo gir, pero no la abri. Lo sujet con fuerza mientras Criid se inclinaba y aplicaba el odo a la madera pintada de romo se apartaba el pelo decolorado para or mejor. Iba a tener que...e dio cuenta de que iba a tener que concentrarse.

    Criid mir a su alrededor e hizo el signo con la mano abierta que significa ni el menor ruido.Rawne asinti, se asegur de que el pelotn pudiera verlo, levant tres dedos y fue bajndolos uno por uno.

    Cuando hubo bajado el tercer dedo, Criid y Caffran atravesaron la puerta corriendo agachados a toda velocidad. Se encontraron en una gran cmara de piedra que haborium antes de que los cohetes hubieran volado las grandes ventanas ojivales que estaban frente a la puerta y destrozado los escritorios y mesas de trabajo de maderd corrieron a refugiarse entre los restos del mobiliario. Desde una arcada que haba en el otro extremo de la arcada cay sobre ellos una lluvia de disparos lser.Al or los disparos que llegaban desde el interior, el grupo de Rawne abri fuego desde el arco del corredor. Pronto tuvieron respuesta.Caffran! Qu tenis ah? gru Rawne a travs de su intercomunicador.La estancia no va directamente hasta la arcada, pero hay acceso a travs de ella le respondieron.Caffran y Criid avanzaron a gatas entre los atriles y taburetes rotos esquivando los disparos. El suelo estaba empapado de tinta derramada y pronto se encontraros totalmente negras. Criid vio que las explosiones haban lanzado sobre las paredes del scriptorium salpicaduras de tinta: configuraciones que parecan el negativo res.

    Caffran abri de un tirn el bolsillo trasero y sac una carga explosiva.Preparados para detonacin! grit, arrancando el seguro del detonador qumico y arrojando el explosivo a travs de la puerta.

    na explosin sacudi el suelo y de la arcada de la galena se elevaron nubes de humo y de escombros. Feygor trat de avanzar y ver el interior.Criid y Caffran se haban puesto de pie y se aproximaban a la puerta interior. El aire estaba impregnado de humo y haba un olor penetrante a fycelina. A pocos paa, Criid descolg el rifle y sac algo de su bolsillo. Era la base de un broche o una medalla cuya superficie estaba pulida como un espejo. La enganch encima de lay la introdujo en la estancia por delante de s. Un giro de mueca y el espejo fue dejndole ver lo que haba al otro lado de la puerta.

    Despejado dijo.ntraron. Era un anexo del scriptorium. A lo largo de una pared haba prensas de metal. Tres infardi, alcanzados por la carga explosiva de Caffran, yacan, muertos, ce

    a. Estaban cubiertos de tintas multicolores de los frascos que haban explotado con la detonacin.Rawne entr por el arco de la galera.Qu hay al otro lado? pregunt sealando una pequea abertura cubierta por una cortina que haba al otro extremo del anexo.No la hemos examinado respondi Caffran.Rawne se acerc a la puerta e hizo a un lado la cortina. Una rfaga de fuego lser llovi sobre l a travs de la tela.Por Feth! grit refugindose tras una mesa de mezclas. Dispar a travs de la abertura con su rifle lser y vio a un infardi caer de lado sobre un bastidor de rndolo en su cada.

    Rawne y Caffran atravesaron la puerta. Era un almacn de pergaminos y tena esa nica salida. El infardi, que tena la cara cubierta con su tnica verde, estaba muerto.ero seguan oyndose disparos.

    Rawne se volvi. Sonaban fuera, en el corredor.Hemos dado con... se oy la voz de Mkillian por el intercomunicador.Por Feth! se fue Feygor.Rawne, Criid y Caffran acudieron de inmediato a la arcada, pero la intensidad del fuego cruzado les impidi asomar la cabeza. Los disparos de lser mordan la jaa y rebotaban hacia la estancia anexa. Uno le produjo a Rawne una quemadura en el mentn.

    Maldita sea! retrocedi sintiendo una fuerte punzada y conect su microtransmisor Feygor! Cuntos son!Veinte, tal vez veinticinco! Estn parapetados en la sala. Dioses, estn lanzando una lluvia de disparos!

    Lanzadles un misil!Bragg lo est intentando! El alimentador est atascado! Oh crap...!Qu? Qu? Repite.

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    Durante un segundo no se oy ms que el fuego feroz de los lser, luego la voz de Feygor volvi a sonar en el transmisor.Bragg est fuera de combate. Le han dado. Maldita sea, estamos atrapados!Rawne mir en derredor exasperado. Cridd y Caffran estaban junto a las ventanas de ojiva destrozadas en el scriptorium principal. Criid estaba asomada mirando haciaQu le parece esto? le pregunt Caffran al mayor.Rawne se acerc rpidamente. Criid ya haba trepado y estaba en la comisa, movindose lentamente por el saliente de piedra.Estaris de broma... empez a decir Rawne.Caffran hablaba muy en serio. l tambin haba trepado a la cornisa e iba detrs de Criid. Le ofreci la mano a Rawne.

    l mayor se colg el arma al hombro y acept la mano. Caffran tir de l y lo ayud a subir a la comisa.Rawne blasfem para sus adentros. El aire era fro y estaban muy alto. Los muros de piedra del Universitariat tenan una altura de noventa metros desde la ventana del sn a plomo sobre el agua verde y opaca del ro. Cpulas y torres se elevaban por encima del tejado inclinado del scriptorium. Rawne se balance un instante.

    Criid y Caffran iban por la cornisa pegados al muro, avanzando con cuidado por encima de canalones y recogedores de aguas. Rawne los sigui. En algunos puntos haorrelieve, a veces en forma de santos o de grgolas, deterioradas por el tiempo y ms anchas que la propia cornisa. Rawne se dio cuenta de que tenan que andar dealda hacia el vaco para poder sortear esos obstculos.inti que su pie buscaba apoyo sobre vaco y cerrando los ojos rode con sus brazos el cuello de piedra de un santo mientras senta que el corazn quera salrsele de

    Cuando volvi a mirar vio a Caffran a unos diez metros, pero ni rastro de la chica. Por Feth! Se habra cado? No, su cabeza de pelo decolorado asom por una vems adelante, urgindolos para que la siguieran. Estaba otra vez dentro.

    Caffran tir de Rawne ayudndolo a meterse por la ventana rota. Se rompi las rodilleras con el emplomado y los cristales rotos del marco y tard un minuto en reo. Mir a su alrededor.n proyectil de gran calibre haba volado la estancia. Haba entrado por la ventana, destrozando ese piso y el de abajo. El saln tena un reborde de tablas rotas jes y un agujero en el centro. Avanzaron con cuidado por lo que quedaba del suelo hasta la puerta de la estancia. Ahora los disparos se oan detrs de ellos.

    Caffran los condujo hacia el corredor. La detonacin haba volado la puerta de madera de la sala con marco y todo y la haba hecho atravesar toda la estancia hasada contra la pared del otro lado. Los tres Fantasmas se desplegaron corriendo, atravesaron la estancia y fueron a salir por detrs de la posicin enemiga que tenasus compaeros.os infardi, veintids en total, estaban parapetados tras una serie de barricadas hechas con el mobiliario destrozado. Estaban disparando, ajenos a todo lo que pud

    s de ellos.Rawne y Caffran sacaron sus cuchillos Tanith de plata y Criid su daga sierra, recuerdo de sus das de pandillera all en la Colmena Vervun. Se lanzaron sobre los aron con ocho de ellos antes de que los dems se enterasen siquiera del contraataque.uego se lanzaron al combate cuerpo a cuerpo en una defensa frentica, pero Rawne y Criid haban empezado a disparar sus rifles lser y Caffran ya empuaba su pistn infardi gritando carg contra Rawne con su bayoneta, y ste le vol las piernas y el vientre, pero el impulso de la carga hizo caer el cuerpo sobre el mayor y lo derrib

    Rawne trat de zafarse de debajo del cuerpo resbaladizo que se retorca. Otro infardi se lanz sobre l blandiendo una de esas hachas locales de hoja retorcida.n disparo en la cabeza acab con sus intenciones.

    Rawne se levant. Los infardi estaban muertos y su pelotn avanzaba.Feygor?

    Buena jugada, jefe respondi Feygor.Rawne no dijo nada. No vea la necesidad de mencionar que el ataque por sorpresa haba sido idea de Caffran y Criid.Cul es la situacin? pregunt.Waed tiene un rasguo, est bien, pero a Bragg lo hirieron en un hombro. Vamos a tener que pedir un equipo de camilleros para trasladarlo.Rawne asinti.Buen disparo a la cabeza aadi. Ese bastardo me tena a tiro.No fui yo dijo Feygor sealando con un pulgar mugriento a Banda. La ex trabajadora de la tejedura sonri, dio una palmadita a su rifle lser... y gui un ojo.Bueno... Buen disparorefunfu Rawne.

    n una explanada de oracin, al este del recinto del Universitariat, el capitn Ban Daur estaba controlando el trfico cuando oy que el coronel-comisario lo llamare.l ataque, en el segundo frente, del coronel Corbec haba despertado a la Ciudad Vieja, y los civiles que llevaban escondidos en los stanos y pasadizos subterrneosnas abandonaban ahora el barrio en masa.n la explanada larga y estrecha, la marea de cuerpos mugrientos, asustados, avanzaba hacia el oeste en una marcha lenta y pesada.

    Daur?an Daur se volvi y salud a Gaunt.

    Hay miles de ellos. Estn atascando las rutas que van de este a oeste. He tratado de reorientarlos hacia el interior de la baslica que hay al final de esa calle. Allos mdicos y personal de asistencia proporcionado por las autoridades de la ciudad y el Administratum.

    Bien.El problema est ah dijo Daur sealando a una fila de tractores elctricos Hydra de la unidad Pardus que se encontraban detenidos en el otro extremo de la expoda esta gente, no pueden pasar.

    Gaunt asinti. Envi a Mkoll y a un grupo de Tanith a una capi lla cercana y volvieron con bancos que colocaron como barreras para canalizar la marcha de los refugiadoDaur?Seor!Vaya hasta esa baslica y vea si puede utilizar algunos de los edificios circundantes.Iba a acudir con un pelotn a la Ciudad Vieja, seor. El coronel Corbec pidi ms infantera de refuerzo en el distrito comercial.Gaunt sonri. Daur se refera al distrito del mercado, pero utilizaba una palabra de la Colmena Vervun.No lo pongo en duda, pero la guerra seguir. A usted se le da bien la gente, Ban. Haga esto por m y despus puede ir a hacer que le disparen.Daur asinti. Senta por Gaunt un respeto sin lmite, pero no le gustaba esa orden. Era igual a los otros trabajos que haba venido haciendo desde su incorporasmas.

    A decir verdad, Daur se senta insatisfecho. La lucha por la Colmena Vervun lo haba dejado vaco y triste, y se haba unido a los Tanith sobre todo porque no poda se quedarse bajo el caparazn de la Colmena a la que haba considerado su hogar. Como capitn, fue el oficial de mayor jerarqua de cuantos se incorporaron a losaba hecho que le dieran un puesto en la cadena de mando en igualdad de condiciones con el mayor Rawne, como oficial a cargo del contingente verghastita, respnte Corbec y Gaunt.o le gustaba. Ese papel deberan habrselo asignado a un hroe de guerra como Kolea o Agun Soric, a uno de los hombres que por sus agallas se haban ganado el

    ombres en las compaas improvisadas. La mayora de los hombres y mujeres verghastitas que se haban incorporado a los Fantasmas eran trabajadores converos, no ex militares. No sentan por un capitn de Vervun Primario el mismo respeto que profesaban a un hroe como Gol Kolea.ero al parecer no era as como se proceda en la guardia, de modo que Daur se vio cogido en el medio, con un cargo que no le apeteca, dando rdenes a hombres qeban ser sus comandantes, tratando de mantener bajo control la rivalidad entre los hombres de Tanith y los verghastitas y procurando ganarse su respeto.o que l quera era luchar. Quera revestirse con esa clase de gloria que hara que los soldados lo mirasen con admiracin.n lugar de eso se pasaba la mayor parte de los das entre destacamentos, rdenes de despliegue y supervisin de refugiados. Eran cosas que se le daban bien, y por eso lo buscaba siempre que surgan esas tareas. Era como si Gaunt no pensara en Ban Daur como un soldado sino como un hombre de recursos, un administna capaz de tratar con la gente.

    A Daur lo sacaron de sus cavilaciones unos disparos y la dispersin y los gritos de los refugiados. En la desbandada hubo quienes saltaron las barreras improvisadasmir en derredor buscando un francotirador o un hombre armado entre la multitud...no de los oficiales artilleros de los vehculos Pardus atascados estaba disparando al azar con su pistola contra los grupos de cometas y banderolas votivas que onda de la explanada de la oracin. Las banderas y estandartes estaban sujetos mediante cuerdas largas a unas anillas de bronce colocadas a lo largo de la pared del haca blanco sobre ellas para entretener a sus hombres.

    Qu demonios est haciendo? le grit Daur acercndose al vehculo Hydra. Los hombres enfundados en sus uniformes pardos de faena y sus amplias capas os desde arriba.

    Usted! Daur se dirigi al oficial que tena la pistola en la mano. Pretende sembrar el pnico?

    Slo pasar el rato respondi el otro encogindose de hombros. El coronel Farris nos orden que participramos en el asalto a la colina de la Ciudadela, pero nna parte verdad?Baje ahora mismo orden Daur.

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    l oficial ech una mirada a sus hombres, enfund la pistola de reglamento y baj del tractor. Era ms alto que Daur, tena una piel plida llena de pecas y el pelo rubioas eran rubias.

    Nombre?Sargento Denil Greer, Octava Compaa Pardus de Artillera Mvil.Usted tiene cerebro, Greer, o le basta esa sonrisa burlona para moverse por la vida?Seor.Gaunt se acerc y Greer perdi parte de su aire desafiante. Su mueca desapareci.Est todo en orden, capitn Daur?La gente est animada, comisario. Todo va bien.Gaunt mir a Greer.Escuche al capitn y mustrele respeto. Es mejor para usted que sea l y no yo quien le llame la atencin.Seor.Gaunt se march y Daur volvi a mirar a Greer.Haga bajar a sus hombres y aydennos a hacer que esta gente despeje el camino de una manera ordenada. Asi irn ms rpido.Greer le respondi con un saludo no muy entusiasta e hizo bajar a sus hombres de los vehculos estacionados. Daur los puso rpidamente a trabajar apartando a los

    o.

    Daur avanz entre la desharrapada multitud. Nadie lo miraba. Ya haba visto antes aquella expresin conmocionada, fatigada, de refugiados de guerra. l mismo haba to en la Colmena Vervun.na anciana, de delgadez y fragilidad extremas, tropez entre la gente y cay, derramando el contenido del hatillo en el que llevaba todas sus posesiones. Nadie se

    arla. Los refugiados se aglomeraron a su alrededor pisndole las manos mientras ella trataba de recuperar sus cosas.Daur la ayud a levantarse. Pesaba tan poco como un saco de astillas. Tena el pelo completamente blanco y recogido contra el crneo.Aqu tiene dijo. Se agach y recogi las escasas pertenencias de la mujer: lmparas votivas, un pequeo icono, algunas cuentas y una fotografa antigua de un hom

    e dio cuenta de que lo miraba con ojos empaados por la edad. Ninguno de ellos haba buscado su mirada de aquel modo.Gracias dijo en una voz que tena toda la riqueza del gtico bajo antiguo, pero yo no importo, nosotros no importamos, slo la Santa.Qu?Usted la proteger, verdad? Creo que lo har.Vamos, madre, avancemos.a mujer le puso algo en la mano. Daur mir hacia abajo. Era una figurita de plata, tan desgastada que casi se haban borrado sus facciones.

    No puedo quedarme con esto, es...Protjala. El Emperador querra que lo hiciera.

    o quera aceptar que le devolviera la baratija, maldita sea! Daur estuvo a punto de dejarla caer. Cuando se volvi a mirarla, ella haba desaparecido entre la marea dvimiento.

    Daur se qued sin saber qu i hacer, buscando entre la multitud. Se guard la imagen en el bolsillo. Vio cerca de l a Mkoll que haca circular a los refugiados y s

    ntar al jefe de los exploradores si haba visto a la anciana.na mujer tropez contra l. Un hombre que tena delante cay sbitamente de rodi llas. En medio de la multitud alguien revent en un estallido de sangre hirviente.

    Daur oy los disparos.A menos de veinte metros de distancia, entre la multitud presa del pnico, vio a un tirador infardi disparando indiscriminadamente con su rifle lser. El asesino se hab

    atrs los sucios harapos que ocultaban su uniforme de seda verde y haba irrumpido en medio de la marea de refugiados como un lobo en una manada.Daur sac su pistola lser, pero estaba rodeado de gente que gritaba asustada. Oy un nuevo disparo del rifle.Daur tropez con un cuerpo y cay sobre las losas. Vacil, buscando entre las piernas que corran a su alrededor hasta que vio una tnica verde.os disparos del adepto se siguieron cobrando vctimas. De pronto se abri un hueco.ujetando su pistola lser con ambas manos, Daur hizo tres disparos que atravesaron el pecho del francotirador. Casi al mismo tiempo Mkoll lo alcanz con su lser en

    e otro ngulo.l asesino se retorci y cay sobre la piedra rosada. Su sangre brillante se derram colndose por entre las losas del empedrado. El suelo a su alrededor estaba semeres.

    Santo espritu! exclam Mkoll abrindose camino. Otros soldados Tanith pasaron corriendo, apartando a la gente y encaminndose a! extremo nororiental de la eace de voz empez a crepitar.l ruido de disparos indicaba un intenso fuego cruzado, en la direccin de la carretera de la Ciudad Vieja.

    Daur y Mkoll marchaban en la direccin contraria a la de los refugiados que corran casi en estampida. En el extremo nororiental de la explanada de la oracin, un graa caliza desembocaba en una larga avenida bordeada de columnas que discurra entre hileras de templos. Los Fantasmas estaban parapetados en torno al piln y a

    an a hacer breves carreras para entrar en la avenida y refugiarse tras las bases de negras estelas de cuarcita situadas a intervalos regulares.os disparos de las armas de fuego, como rfagas de diminutos cometas, barran la columnata en ambas direcciones. La larga avenida sagrada estaba sembrada de tivos de Hagia amontonados en posturas poco dignas.ras ellos venan ms Fantasmas y algunos de los artilleros de los Pardus esgrimiendo sus pistolas. Daur pudo ver al sargento Greer.

    Vamos! Por la izquierda! le grit Mkoll, e inmediatamente recorri como una flecha la distancia desde el arco hasta la base de la estela ms cercana a su derechs hombres lo cubran con sus disparos, y otros dos corrieron detrs de l. Los disparos de lser acribillaban las losas del paseo y arrancaban esquirlas del antiguo obe

    Daur se desplaz hacia la izquierda, sintiendo el calor de un disparo que le pas rozando el cuello. A punto estuvo de caer en la sombra de la base del obelisco msFantasmas corrieron a su lado: Lillo, Mkvan y otro Tanith cuyo nombre no conoca. Un hombre del Pardus tambin trat de seguirlo, pero fue alcanzado en la rodillase a cubierto entre quejidos.

    Daur se atrevi a mirar afuera y atisbo sombras verdes movindose delante de la columnata. Al parecer, el fuego ms intenso provena de un gran edificio situado a la iaur calcul que era el del censo municipal.

    Izquierda, doscientos metros grit Daur a travs de su enlace.Ya lo veo! replic Mkoll desde el otro lado de la columnata. Daur observ mientras el jefe de los exploradores y su grupo de ataque trataban de avanzar. El fuego c

    a volver a cubierto.Daur corri otra vez, llegando a la base del siguiente obelisco de la izquierda. De repente empezaron a llover sobre l disparos desde la derecha, y al volverse vio a ddos a horcajadas sobre el tejado de un edificio que disparaban hacia las sombras de la calle.

    Daur devolvi el fuego rpidamente, descolgando el rifle lser que llevaba al hombro. Lillo y Nessa llegaron a su posicin al mismo tiempo y sumaron sus disparos a loscanzaron a ninguno de los infardi, pero los obligaron a retirarse del tejado ponindose fuera de su vista. Algunas tejas rotas de la seccin del tejado que haban alcaendieron y cayeron sobre las losas del pavimento.

    Mkvan se uni a ellos. El fuego cruzado era intenso, pero estaban unos buenos veinte metros ms cerca del edi ficio del censo que el grupo de ataque de Mkoll.Por ah dijo Daur acompaando las palabras de los signos correspondientes. Nessa era una antigua trabajadora de los habitculos que se haba unido a la guerrillan buen nmero de voluntarios verghastitas, haba quedado totalmente sorda a causa de las explosiones de las bombas enemigas en la Colmena Vervun. Las rdenesalgo bsico en las compaas improvisadas. La mujer hizo una seal de inteligencia. Sus facciones finas, lficas, tenan una expresin de determinacin cuando indor nuevo en la recmara de su rifle de francotiradora.

    Corriendo encorvados, cerca del suelo, los cuatro abandonaron la columnata principal y se aventuraron a travs de una sala hipstila fresca y sombra. Este templo, y ee llegaron a travs de un pequeo pasaje de columnas, estaban vacos; la decoracin y los ornamentos que los fieles no haban conseguido llevarse y esconder ann haban sido saqueados por los infardi durante la ocupacin. Los pebeteros estaban volcados, y montones de cenizas manchaban las baldosas cermicas del sus del mobiliario roto por todas partes y las esteras de oracin aparecan esparcidas. A lo largo de la pared que daba al este, en una zona baada por la luz solar que enevadas ventanas hipstilas, una serie de cubos y pilas de estropajos demostraban que los habitantes del lugar haban tratado de borrar las infames blasfemias que n escrito sobre las paredes del templo.

    Avanzaban de dos en dos, cubrindose por turnos: dos permanecan quietos y apuntando con sus armas mientras los otros dos corran hacia el siguiente punto de contaa parte trasera del segundo templo daba a un recinto anexo que comunicaba con el edificio del censo. Aqu las paredes estaban revestidas de grandiorita negores haban golpeado hasta destrozar las antiguas tallas de las paredes.

    os infardi haban apostado vigas en la parte trasera del edificio del censo. Mkvan los distingui y puso a los Fantasmas a cubierto mientras los proyectiles convenciose estrellaban contra la arcada de acceso al recinto abriendo boquetes polvorientos en los sillares.essa se situ y dispar. Tena un buen ngulo y dos tiros le bastaron para derribar a un par de tiradores enemigos. Daur sonri. Los francotiradores reconocidos,

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    Larkin y Rilke, iban a tener que defender su reputacin frente a algunas de las chicas verghastitas.Daur y Mkvan atravesaron corriendo la arcada y volvieron a salir a la luz del sol para lanzar desde all cargas explosivas a travs de las puertas traseras del edificio del c

    pequeas ventanas de cristal que daban al paseo reventaron al unsono y por las puertas sali una nube de humo y polvo.os cuatro Fantasmas entraron tras montar sus bayonetas y empezaron a disparar rfagas cortas a travs del humo. Llegaron por detrs a la posicin de los infardi.empezaba a agrietar el ventilado interior del edificio del censo.l avance de Daur acab de inmediato con el bloqueo que mantenan los infardi desde el frente del edificio y aument las posibilidades de que las fuerzas inmovilizanata se introdujeran en el edificio.

    Ya por entonces Gaunt haba avanzado hasta la lnea del frente entre las estelas.Mkoll?Estn fuertemente parapetados en el frente, seor inform el jefe de los exploradores por su enlace. Han dejado de prestarnos atencin... Creo que ha sido obraGaunt se agach detrs de una estela e hizo una seal con la mano a la fila de Fantasmas desplegados a lo largo de la columnata. El soldado Brostin avanz cpaado del ruido metlico que hacan los depsitos de su lanzallamas.

    Qu fue lo que lo entretuvo?Probablemente todo ese tiroteo replic Brostin con impertinencia. El coronel-comisario seal la fachada del edificio del censo.Hgalo desaparecer, por favor.

    rostin, un hombrn de espaldas descomunales que luca un bigote tupido y desigual y siempre ola a promethium, levant el lanzallamas y activ el disparador. Lo

    tearon y lanzaron un chorro de fuego lquido contra el edificio del censo. Las lengetadas amari llas del fuego lamieron la fachada y la cubrieron con una sofocante nub.l fuego, como una lluvia persistente, atraves la fachada del edificio prendiendo sobre los paneles pintados y ennegrecindolos. La pintura se abland, formando choros lugares y en otros se descascar, y la madera del marco de la puerta fue presa de las llamas.rostin se adelant un poco y lanz nuevas llamaradas directamente a travs de algunas de las estrechas troneras dispuestas para la defensa del edi ficio. A Gaunt le gar a Brostin. El corpulento soldado tena cierta afinidad con el fuego, na comprensin de la forma en que se extenda, danzaba y saltaba. Poda sacarle partido, sabalo que arde rpido y lo que se quema lentamente; entre lo que produce vivas llamaradas y lo que se consume a fuego lento; era capaz de aprovechar el viento y la begar las llamas hacia depresiones del terreno. En este caso, Brostin no se limitaba a atacar con el fuego un emplazamiento enemigo, lo que haca era transformarlo hautntico infierno.egn el sargento Vari, la habilidad de Brostin con el fuego se deba a su experiencia en la prevencin de incendios en Tanith Magna. Gaunt as lo crea. Sin embargoeca el soldado Larkin, quien afirmaba que Brostin era un ex convicto con una sentencia de diez aos por incendiario.l fuego, casi blanco, fue subiendo por la fachada hasta llegar al tejado. Una seccin importante de la pared frontal salt hecha aicos hacia la calle cuando el fuego hizexplosivo, tal vez la bolsa de granadas de un infardi. Otra seccin cedi y cay hacia dentro. Tres hombres vestidos de verde salieron por la puerta del edificio banata con sus armas lser. El uniforme de uno de ellos estaba en llamas. Los Fantasmas los acorralaron con sus disparos y los tres cayeron, acribillados.

    Dos granadas salieron volando del edificio en llamas y explotaron en medio de la calle. A continuacin otros dos infardi trataron de salir. Mkoll los mat a ambos pocos ss de aparecer por la puerta.

    Ahora, bajo las rdenes de Gaunt, los Fantasmas disparaban hacia la fachada en llamas. Una plataforma Hydra del regimiento Pardus avanz con su traqueteo met

    o de la columnata arrastrando un manojo de cometas votivas que se haban enganchado en sus caones y en el soporte de su antena, y lleg hasta donde se encontrabl coronel-comisario mont en la plataforma que haba detrs del artillero y supervis la operacin mientras los suboficiales bajaban los largos tubos de los caones aureos hasta ponerlos horizontales.

    Prctica de tiro al blanco le indic Gaunt.l artillero hizo un esbozo de saludo y a continuacin redujo el frente del edificio del censo a ruinas chamuscadas con su implacable potencia de tiro.n el interior, en la parte trasera del edificio, Daur y sus hombres desandaban el camino por el que haban entrado. Del cuerpo central del mismo sala un humo negro ymedio ahogado, le lleg el olor a promethium y supo que haba entrado en funcionamiento un lanzallamas. Del frente llegaba un ruido infernal. Artillera pesada.

    ra ser transportado por un hombre.Vamos! dijo con voz ronca, haciendo seas con la mano a Nessa, Lillo y Mkvan de que retrocedieran. Los cuatro atravesaron a tumbos la nube de humo,

    iendo, medio ciegos. Daur rogaba que no hubiesen perdido el sentido de la orientacin.staban milagrosamente intactos. Mkvan tena un rasguo en el dorso de la mano y Lillo un corte en la frente, pero haban dado un buen golpe a los infardi y haban s

    contarlo.Ms fuego pesado del lado de la columnata. Un par de disparos de potencia mortfera, trazadores incandescentes, atravesaron una pared a sus espaldas y pasaron pos cabezas. Los disparos haban atravesado limpiamente el edificio del censo.

    Rayos! grit Lillo. Eso fue un tanque?Daur estaba a punto de contestar cuando Nessa emiti un grito entrecortado y se dobl sobre s misma. Daur se volvi, los ojos le ardan por el humo, pero vio a cin

    itn dose hacia ellos desde la zona central. Dos venan disparando rifles lser. A otro el fuego le haba quemado la ropa que se caa a pedazos del cuerpo llagado.

    Daur dispar, y sinti el roce de una rfaga de lser en el hombro. Los disparos de Daur derribaron a dos infardi que cayeron de espaldas. Otro carg contra Mkvantado en la bayoneta del Tanith. Sin poder desprenderse, el infardi descerraj a Mkvan un disparo a quemarropa en la cara y ambos cuerpos cayeron al suelo en mereda.illo fue derribado por los otros dos que, desprovistos de armas, le clavaron las corvas uas desgarrndole la ropa y la piel. Uno de ellos ech mano del rifle lser de Liloderarse de l a pesar del anclaje al que iba sujeto. Daur se arroj sobre el rebelde y ambos rodaron, atravesando la puerta y volviendo al cuerpo principal del edififuego.

    Daur sinti que el calor lo dejaba sin respiracin. El infardi no dejaba de golpearlo, morderlo y clavarle las uas. Rodaron entre el fuego. Ahora el enemigo apretabs la garganta de Daur. Este pens en su cuchillo, pero record que todava lo tena sujeto como bayoneta a su rifle lser, y el rifle haba quedado tirado en la otra hael cadver de Mkvan.

    Daur gir y consigui que el frentico infardi quedara encima de su cuerpo y a continuacin se sacudi y retorci dando una patada hacia arriba y arrojando al adepto dncima de la suya. El adepto rebot en una mesa en llamas en la que aterriz, levantando una lluvia de chispas. Se levant, musitando algn juramento obsceno, y blaardiente de una silla como si fuera una maza.a techumbre cedi derrumbndose. Una viga de cinco toneladas, emplumada de un extremo a otro con llamaradas amarillas y anaranjadas, aplast al infardi contra el

    Daur se puso de pie con dificultad. Su guerrera estaba ardiendo. Unas llamitas azules laman la manga y el puo y rodeaban las costuras de los bolsillos. Trat de sos y tropez con la puerta. Le pareca que llevaba dos o tres minutos sin respirar y le ardan los pulmones.n el anexo que haba en la parte trasera del edificio del censo, Lillo arrastraba a Nessa tratando de sacarla por el prtico posterior. De las vigas del techo sala un hum

    ranado y el aire era irrespirable.Daur avanz a tumbos hacia ellos, por encima de los cuerpos en llamas de los infardi. Ayud a Lillo a transportar el peso muerto de Nessa a quien haban herido en el e

    mal aspecto, pero Daur no era mdico y no tena ni idea de la gravedad.n ruido atronador sacudi el edificio en llamas al caer otra seccin del tejado, y una nube de humo, chispas y aire recalentado los rode. Mientras salan vacilantes poo trasero, Daur oy el ruido de algo caa de su guerrera al suelo.a baratija de la anciana.

    Arrastraron a Nessa por el patio y Lillo se derrumb junto a ella, tosiendo como si fuera a echar los pulmones y tratando de solicitar un equipo mdico por el transmisor.Daur volvi al prtico en llamas, despojndose a tirones de su guerrera. El calor y las llamas haban chamuscado la tela y reventado las costuras. Llevaba uno de londo de unos hilos y de l haba cado la imagen de plata.

    Daur la vio sobre las losas, justo al otro lado del prtico. Se agach por debajo de la masa asfixiante de humo negro que llenaba la mitad superior de la arcada y se elevo azul barrido por el viento. Estir la mano y cerr los dedos en torno a la imagen. Estaba tan caliente que le quem la mano.

    Algo arremeti contra l y lo hizo caer de rodillas. Al volverse se encontr de frente con un fantico infardi que haba salido a tientas del infierno. Tena la piel achicrta de sangre.

    Alarg sus manos llenas de ampollas tratando de asir a Daur que sac la pistola lser de su funda y le dispar dos veces en el corazn.ntonces Daur se desplom.illo corri hacia l, pero Daur no poda or lo que le gritaba.

    Mir hacia abajo. La empuadura grabada de la daga ritual sobresala de su caja torcica y una sangre tan oscura y espesa como zumo de cerezas se iba esparciend

    El infardi no se haba limitado a chocar contra l.Daur rompi a rer con una risa vaca, pero la sangre le llen la garganta. Se qued mirando el arma del infardi hasta que su visin se transform en una especie s se desvaneci.

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    ptulo 3ter Pecado

    Que las nueve heridas sagradas te colmen de bendiciones.

    Bendicin ayatan

    u padre se apart del banco de trabajo, dej una llave grasienta y le sonri mientras se limpiaba el aceite de las manos con un trapo. El taller ola a lubricante, promfro.

    Cogi la taza de cafena hirviendo, una taza tan grande que sus pequeas manos la sujetaban como un cliz, y su padre la recibi agradecido. Estaba amaneciend planeaba sobre las copas de los enormes rboles de nal que haba al otro lado del camino que llevaba desde la carretera del ro hasta el taller de su padre.os hombres haban llegado al atardecer del da anterior, ocho hombres con las manos desolladas de la reserva maderera que haba quince leguas ro abajo. Tenan tante que atender para un fabricante de muebles de Tanith Magna y a su sierra principal se le haban salido los cojinetes. Una verdadera emergencia... podra aymecnico del condado de Pryze?os hombres de la reserva haban trado la sierra en un vagn de plataforma y ayudaron a su padre a transportarla hasta el taller. Su padre lo haba enviado a encende

    aras. Iban a tener que trabajar hasta muy tarde.sper en la entrada del taller a que su padre hiciera los ltimos ajustes al motor de la sierra y luego atornillase la rejilla protectora. De los huecos de la tapa haba salidulado y de repente el lugar se llen de la penetrante fragancia de la madera de nal.u corazn lata con fuerza mientras esperaba que su padre probara la motosierra. Haba sido lo mismo desde que tena memoria, la excitacin de ver cmo su padregia, de ver cmo su padre coga trozos inertes de metal, los una y les daba vida. Era una magia que esperaba heredar algn da para poder ocupar su lugar cuandora dejado de trabajar. l tambin quera ser mecnico.

    Ahora su corazn lata tan rpido que le dola el pecho. Se sujet del marco de la puerta para no caer.u padre accion el interruptor de la sierra y la mquina cobr vida. Su alarido ronco reson en todo el taller.

    Ahora el dolor de su pecho era muy real. Jade. Le dola todo un lado, el izquierdo, por las costillas. Trat de llamar a su padre, pero su voz era demasiado dbil y el en funcionamiento demasiado alto.e dio cuenta de que iba a morir. Iba a morirse all, a la puerta del taller de su padre, en el condado de Pryze, con el olor a madera de nal en la nariz y una enorme pmposible que le llegaba al corazn...

    Colm Corbec abri los ojos y aadi unos buenos treinta y cinco aos a su vida. Ya no era un muchacho. Era un viejo soldado con una fea herida en una situacin di fcil.o haban desnudado hasta la cintura y los restos de su mugrienta camiseta le colgaban todava de los hombros. Haba perdido una bota y quin sabe a dnde habran uipo y su enlace de voz.ena el cuerpo cubierto de sangre, rasguos y magulladuras. Intent moverse pero el dolor lo venci. El lado izquierdo de su caja torcica era una masa de tejido colo

    ado en tomo a una gran quemadura de lser.

    No, no se mueva jefe dijo una voz.Corbec mir a su alrededor y vio a Yael a su lado. El joven soldado Tanith estaba sentado con la espalda contra una desmoronada pared de ladrillo. Tambin su tor

    do y tena los hombros cubiertos de sangre seca.na mirada en derredor le permiti ver que estaban metidos los dos en la antigua chimenea de una grandiosa estancia a la cual la guerra le haba hecho una visita es eran como pieles resquebrajadas de yeso con trazas de antiguas decoraciones y pinturas, y las otrora elegantes ventanas estaban tapadas con tableros. La luz as planchas. Lo ltimo que recordaba Corbec era haber entrado disparando en el ayuntamiento. Por lo que poda ver, aquello no se pareca en nada al ayuntamiento.

    Dnde estamos? Qu ha...?Yael sacudi la cabeza y apret el brazo de Corbec.Corbec se call despus de seguir la mirada de Yael y ver a los infardi. Los haba por docenas y entraban corriendo en la habitacin por una puerta que estaba fuera de

    quierda. Algunos tomaban posiciones junto a las ventanas, con las armas preparadas. Otros traan cajas de municin y montones de equipo. Entre cuatro manipulabay a todas luces pesado que trataban de meter en la habitacin. Las patas del banco rascaban el suelo de piedra. Los infardi hablaban entre s en voz baja y montona.mpez a recordar. Record que ellos cuatro haban tomado la sala principal del ayuntamiento. Por el Dios Emperador que le haban dado una buena paliza a aqueca! Kolea haba luchado como un demonio con Leyr y Yael a su lado. Corbec recordaba haber seguido avanzando con Yael y gritndole a Kolea que los cubriera. Y ent

    Y entonces el dolor. Un disparo lser, casi a quemarropa, de un infardi que se haca el muerto entre los escombros. Corbec se incorpor con una mueca de dolor y se co.

    Djame ver susurr, y trat de ver la herida del joven. Yael se estremeca levemente y Corbec observ que tena una pupila ms dilatada que la otra.Al ver la parte posterior de la cabeza de Yael se qued de piedra. Cmo era posible que estuviera vivo todava?Y Kolea y Leyr? pregunt.Creo que consiguieron salir. No lo vi... respondi Yael en un susurro. Estuvo a punto de decir algo ms, pero se qued mudo de repente cuando un susurro a

    cin.Ms que orlo, Corbec lo sinti. Los tiradores infardi se haban callado y ahora retrocedan hacia los extremos de la estancia que haba al otro lado de la chimene

    as gachas.Algo entr en la habitacin, algo as como la sombra, tal vez, de un hombre corpulento, si es que un hombre puede ir vestido con un susurro. Era algo parecido a ue de reverberacin, algo que empaaba y distorsionaba el aire, que zumbaba con el sonido bajo y soporfero del nido de un abejorro.

    Corbec se qued mirando a aquella sombra. Perciba el olor de la distorsin que produca a su alrededor, ola el aroma fro y duro de la disformidad. Era una forma tral mismo tiempo, frgil como el vapor pero al mismo tiempo dura como un tanque imperial. Cuando ms miraba, ms detalles distingua entre la bruma. Formas

    deantes, borbotantes, que se movan y zumbaban como mil millones de insectos.Con otro susurro, el escudo refractor se desactiv y disolvi, dejando ver una figura corpulenta vestida con el uniforme de seda verde. El generador compacto del escuda de un arns sujeto al cinturn.e volvi hacia los dos prisioneros de la guardia alojados en la chimenea vaca.ena ms de dos metros de estatura y una musculatura fibrosa. A travs de la rica seda color esmeralda se vea la piel decorada con los abominables tatuajes del cultoater Pecado sonri a Colm Corbec.

    Sabes quin soy?

    Creo adivinarlo.ecado asinti y su sonrisa se hizo ms ancha. Una imagen tatuada del Emperador, torturado y agonizante, le cubra la mejilla izquierda y la frente, y el ojo izquierdo deado en sangre, formaba la boca en actitud de gritar. Los dientes de Pecado eran implantes de acero aguzados. Ola a sudor, a canela y a podredumbre. Se puso e

    a Corbec que sinti que Yael se estremeca de terror.T y yo nos parecemos.Yo no lo creo... dijo Corbec.Oh, s. T eres un hijo del Emperador a quien has jurado servir. Yo soy un infardi... un peregrino consagrado al culto a sus santos. Santa Sabbat, que Dios bendiga sunido aqu a rendirle homenaje.

    Has venido aqu para profanar, maldito bastardo.a sonrisa de acero se mantuvo inalterable incluso cuando Pecado descarg una patada en las costillas de Corbec.l Tanith perdi el sentido. Cuando volvi en s estaba tirado en el centro de la habitacin y rodeado de infardis que entonaban cantos ai ritmo que marcaban palme

    as o las culatas de sus rifles. No poda ver a Yael. Senta un dolor insoportable en las costillas.ater Pecado volvi a aparecer. Tras l estaba el banco que sus secuaces haban trado a rastras. Era un banco de trabajo, ahora Corbec lo vio con claridad, unro que llevaba adosado un gran taladro para roca. El taladro empez a chirriar. se era el ruido que Corbec haba odo en su sueo y que l haba tomado por una mot

    Nueve heridas sagradas sufri la Santa estaba diciendo Pecado. Vamos a repetirlas en la ceremonia, una por una.us hombres arrojaron a Yael sobre el banco y el taladro inici su canto.

    Corbec nada poda hacer.

    acia el norte, la Ciudad Vieja ascenda abruptamente adhirindose a la pendiente de la meseta de la Ciudadela. Una va principal denominada, de forma harto confusfardi, describa una trayectoria sinuosa desde la plaza de las Fuentes y los mercados de ganado hasta un distrito comercial ms saludable, el distrito de los Canteros.na ojeada a los templos, las estelas, las columnatas, a cualquier pieza de la arquitectura triunfal de Doctrinpolis, bastaban al visitante para apreciar la eminente la

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    os de los canteros y de los albailes. Las piezas de mayor tamao, los enormes monolitos y los bloques de grandiorita eran transportados por el ro o el canal desde ras de las tierras altas, pero en sus talleres situados ms all del monte de la Ciudadela, los canteros tallaban las elaboradas estatuas, grgolas, cruceras, arbotantes n el punto ms bajo de la Milla del Infardi, haba establecido el jefe mdico Tolin Dorden un puesto de primeros auxilios en lo que haban sido unos baosdosados con cermica. Algunos de los hombres haban transportado agua en cubos o en sus cascos desde las fuentes de la plaza para limpiar los lavaderos. Dna haba frotado con desinfectante las superficies donde se fregaba la ropa. En el lugar haba un olor rancio y hmedo al que se sumaba el aroma a hilas que desprteras de secado colocadas sobre las salidas de la ventilacin.staba acabando de coser una cuchillada que tena el soldado Gutes en el pulgar cuando un Fantasma verghastita entr desde la plaza iluminada por la spera luz de

    se oa el retumbar de los morteros Pardus que bombardeaban la Ciudadela. En la plaza, Dorden vio a grupos de Tanith que descansaban junto a las fuentes.Despidi a Gutes.Es mi brazo, doctorreplic con su acento cargado de sonidos vocales verghastitas.Djeme ver. Cmo se llama?Soldado Tyne respondi el hombre subindose la manga. La parte superior del brazo izquierdo era una masa sanguinolenta supurante de la que haba hecho

    in.Dorden ech mano de gasas para empezar a limpiar la herida.Esto est infectado. Debera haber acudido antes. Qu es? Una herida de metralla?No exactamente. Tyne sacudi la cabeza poniendo cara de dolor a cada contacto de las gasas embebidas en alcohol.

    Dorden limpi un poco ms de sangre y vio las lneas verde oscuro y las marcas del cuchillo. Al darse cuenta de lo que era, limpi ms a fondo.No public el comisario un reglamento sobre los tatuajes?Dijo que podamos hacerlos si sabamos cmo.Y usted evidentemente no sabe. Hay un hombre en el pelotn once, uno de los suyos... Cmo se llama? Soldado Cuu? Dicen que es bueno en esto.Cuu es un ladrn. No tengo dinero para pagarle.Y entonces se lo hizo usted mismo.Aj.Dorden limpi la herida lo mejor que pudo y le puso una inyeccin al soldado. Tambin los Tanith llevaban tatuajes, todos ellos. En su mayor parte eran marcas ritua. Formaba parte de su cultura. El propio Dorden tena uno. Pero los nicos voluntarios verghastitas que llevaban tatuajes eran pandilleros y habitantes de los subusus adscripciones y las marcas de sus clanes. Ahora casi todos queran una marca: un hacha-rastrillo, un smbolo Tanith, un guila imperial.ra como si pensaran que el que no llevaba una marca 110 era un Fantasma.ste haca el nmero diecisiete de los tatuajes caseros infectados que trataba Dorden. Iba a tener que hablar con Gaunt.n la plaza alguien gritaba y el soldado Gutes volvi a entrar corriendo.

    Doctor, doctor!Afuera todos se haban puesto de pie. Un grupo de Fantasmas de Tanith vena desde la parte del mercado donde se combata y traan al soldado Leyr en uvisada. Gol Kolea corra junto al hombre postrado.aba gritos y confusin. Con calma, Dorden se abri camino entre los all agrupados e hizo poner la camilla en el suelo para echar un vistazo.

    Qu ha sucedido? le pregunt a Kolea mientras empezaba a vendar la herida que tena Leyr en el muslo. El hombre estaba herido, maltrecho, cubierto de heridasdad y semiinconsciente, pero no iba a morir.

    Hemos perdido al coronel dijo Kolea sin andarse con rodeos.Qu han qu?Corbec nos condujo a Yael, a Leyr y a m a los stanos del ayuntamiento. bamos bastante bien, pero haba demasiados. Yo consegu salir con Leyr, pero el coronel C

    .. Los cogieron vivos. Mientras nos abramos camino disparando para salir del edificio, Leyr vio a esos bastardos que se los llevaban a rastras.ubo un murmullo generalizado.

    Tena que traer a Leyr a un puesto de primeros auxilios. Ahora voy a volver a por Corbec. A por Corbec y a por Yael. Quiero voluntarios.Va a ser imposible encontrarlos! dijo el soldado Domor, atnito y apesadumbrado.Esos bastardos los llevaban hacia el norte, a la parte alta de la Ciudad Vieja, hacia la capital. Estn tomando posiciones all arriba. Supongo que lo que qogarlos y eso significa que los van a mantener vivos un tiempo.Dorden sacudi la cabeza. No coincida con la evaluacin del valiente verghastita, claro que l tena ms experiencia sobre los mtodos del Caos.Voluntarios! Vamos! grit Kolea. A su alrededor todas las manos se levantaron. Gol Kolea eligi a ocho hombres y se volvi.Un momento! dijo Dorden. Se adelant y examin las heridas de poca importancia que tenia Kolea en la cara y en los brazos. Vivir. Vamos.Usted tambin viene?Corbec era muy querido por todos, pero con el viejo doctor tena una relacin especial. Dorden asinti. Se volvi hacia el soldado Rafflan, el operador de radio.Avise al comisario. Dgale lo que vamos a hacer y que enve aqu a un mdico para hacerse cargo del puesto y a un oficial para supervisar.

    Dorden reuni un equipo improvisado y sali presuroso tras los soldados que ya abandonaban la plaza.Va con retraso, Gaunt son la voz entrecortada en el altavoz. Los labios de la imagen hologrfica tridimensional del general Lugo estaban desfasados con el soa hablando a travs de un aparato de voz e imagen desde la Comandancia de la Base Imperial en la ciudad de Ansipar, a seiscientos cuarenta kilmetros al sudnpolis, y las condiciones atmosfricas eran las causantes del desfase en las comunicaciones.

    Tomo nota, seor. Pero con todos mis respetos, estamos dentro de la Ciudad Santa cuatro das antes de lo previsto en su estrategia previa al asalto.Gaunt y el resto de los oficiales presentes en el sombro tractor de mando esperaron a que el desfase les permitiera or la respuesta. Los astrpatas sentados en an en la parte trasera musitaron algo. El holograma reverber, se produjo un salto, y a continuacin volvi a orse la voz de Lugo.

    Es cierto. Ya he aplaudido la labor realizada por las unidades Pardus del coronel Fust al allanarles el camino.Los Pardus han hecho un trabajo excelente concedi Gaunt con tono tranquilo, pero el propio coronel puede decirle que los infardi ofrecieron escasa resis

    n enfrentarse a nuestras unidades blindadas. Se retiraron a Doctrinpolis donde la densidad de los edificios jugara a su favor. Ahora avanzamos calle por calle con laes lento.

    Dos das! La voz lleg entre interferencias. se haba sido el clculo. Una vez atravesadas las murallas de la Ciudad Santa usted dijo que les llevara dos das rsolidarla, y ni siquiera se han acercado a la Ciudadela!

    Gaunt suspir. Se volvi a mirar a los dems oficiales: el mayor Kleopas, el achaparrado, regordete y envejecido subcomandante del regimiento blindado Pardus;as, oficial de enlace de Pardus con la infantera; el mayor Szabo, de los Centenarios Brevianos. Ninguno de ellos estaba cmodo.

    Estamos bombardeando la Ciudadela con morteros empez Szabo con las manos en los bolsillos de su sobria chaqueta color mostaza.Es cierto intervino Herodas. Ya tenemos cerca de la Ciudadela la artillera de mediano calibre. La pesada llegar cuando la infantera haya despejado las

    pcin hecha por el comisario Gaunt del teatro es precisa. Entrar en la ciudad llev cuatro das menos de lo previsto, pero atravesarla est resultando ms di fcil.Gaunt dedic al joven capitn Pardus una mirada de reconocimiento. Un frente unido y tranquilo era la nica manera de enfrentarse a un hueso obsesionado por la tc

    a figura hologrfica volvi a experimentar espasmos y distorsiones. Ahora el que los miraba era un general Lugo fantasmagrico de luz verdosa y emborronada.Djenme decirles que aqu, en Ansipar, ya casi hemos terminado. La ciudad est ardiendo y los santuarios son nuestros. Mientras hablamos, mis hombres estn reuimos enemigos para su ejecucin. Adems, el coronel Cerno informa de que sus fuerzas estn a un da de tomar Hilofan. El coronel Paquin iz ayer el guila en el palaapsulis. Slo Doctrinpolis sigue en manos del enemigo. Le encargu la tarea de tomarla por su reputacin, Gaunt. Acaso me equivoqu?

    Y la tomaremos, general. No se equivoc al deposi tar en m su confianza.e sucedi un lapso de tiempo a causa del desfase en la comunicacin.

    Cundo?Espero iniciar el asalto total a la capital al atardecer. Lo tendr informado de nuestros progresos.Ya veo, muy bien. Que el Emperador los proteja.os cuatro oficiales repitieron la frmula corendola a media voz mientras el holograma se desdibujaba.

    Maldito sea murmur Gaunt.Ese es su papel coincidi el mayor Kleopas. Baj uno de los asientos plegables de la pared del tractor y sent en l su rotunda humanidad mientras se rascaba la cnte de potenciacin por el que haban reemplazado su ojo izquierdo. Herodas fue a traer cafena para todos del hornillo que haba junto a la escotilla trasera.

    Gaunt se quit la gorra con visera y galones, la puso sobre el borde de la pantalla cartogrfica y guard su interior sus guantes de piel. Saba perfectamente lo que quas. Lugo era sangre nueva, uno de los recin acuados generales que el Seor de la Guerra Macaroth haba llevado consigo cuando sucedi a Slaydo y asumi el mada de los Mundos de Sabbat haca casi seis aos siderales. Algunos, como el gran Urienz, haban demostrado que eran tan capaces como los favoritos de Slaydo

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    plazaron. En cambio otros haban resultado muy versados en la tctica de libro, con muchos aos de campaa en las bibliotecas